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Blog de Arquitectura Legal

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abril, 2011

El ABC de las calderas

15/03/11

Las calderas funcionan a presión, son artefactos que utilizan el calor empleando para su transporte un vehículo en forma de agua o vapor. El combustible que se quema en el horno convierte las calorías producidas en su interior en energía mecánica usando como fluido al vapor. Como todo elemento que trabaja a presión, puede producir una brusca expansión del vapor y del agua en su interior, generalmente causada por el colapso de alguno de sus componentes. En algunos casos, esta explosión se produce por la ignición del combustible vaporizado en el interior del hogar (corazón de la caldera), o bien por diferentes motivos tales como una falla del quemador que genera un reencendido, o una falta de agua que, por acumulación de sarro, provoca una elevación descontrolada de la temperatura.

Si no se libera vapor a través de la válvula de seguridad, o bien se sobreeleva la presión por falla del manómetro o su falta de control, puede producirse una explosión. Una de las formas de cortar la alimentación es mediante el uso del presóstato. Si la carcasa o una de las partes interiores de la caldera se corroe, se debilitan sus partes metálicas. Al mantenerse constante la presión habrá también riesgo de explosión, y lo mismo sucederá si la temperatura de trabajo excede los límites máximos permitidos para ese aparato.

Se utilizan una gran variedad de calderas, desde la hogareña a las de tipo industrial. Las de agua caliente no superan generalmente una temperatura de 110ºC; cuando superan este valor reciben el nombre de “caldera de agua recalentada”. En algunas se incrementa la temperatura usando sobrecalentadores, economizadores de precalentamiento o recalentadores. Las automáticas sólo requieren la presencia humana para su encendido, o bien para su reencendido en el caso de que alguno de los elementos de seguridad haya cortado el circuito.

Es importante conocer el área de intercambio que estará en contacto con el agua, vapor o llama directa para saber con qué superficie de radiación o de convección se cuenta (datos generalmente aportados por el fabricante).

Asimismo el aporte de energía calórica debe ser de regulación variada entre las posiciones de máxima y de mínima.

Es recomendable en viviendas unifamiliares de superficie importante separar el aporte de agua caliente o vapor para calefacción del agua de consumo para lavado o higiene. En el caso de utilizarse las llamadas “duales”, habrá que verificar la simultaneidad de uso para no privar de fluido a un sistema en función del otro. Una buena solución es utilizar un termotanque o calefón para la cocina y lavadero Como el mayor problema de las calderas son las explosiones, habrá que tomar los recaudos básicos para prevenirlas, que serían básicamente disponer siempre de una válvula de seguridad, manómetro, indicador de nivel y termómetro (controlando todos frecuentemente en su funcionamiento). A su vez, no puede descuidarse la limpieza de su interior, y se debe verificar que no haya corrosión ni sarro. Si hay hervor brusco del agua, se debe apagar el quemador cerrando de inmediato las válvulas, y una vez despresurizada, dejarla enfriar ocho horas.

En esta operación no se debe mirar dentro del artefacto sin protección del rostro y es preciso utilizar para su encendido “antorchas” largas.

Hoy las más avanzadas tienen controles computarizados que liberan al usuario de muchas tareas de mantenimiento, pero de todos modos no debe descuidarse su control periódico.

Fuente: www.clarin.com
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Fallas en las instalaciones eléctricas o imprudencias varias suelen generar incendios. Cómo evitarlos.

Los incendios se producen pocas veces por casualidad, pero en general responden a la causalidad, y dentro de éstas se hallan las fallas de la instalación eléctrica, la imprudencia en el manejo de fluidos (líquidos o gaseosos) y la displicencia en el manejo de llama abierta. Para evitar esto, toda precaución es poca.

Entre las prevenciones, el Código de Edificación es bastante exhaustivo, pero enumeraremos dentro de éstas algunas que suelen pasarse por alto.

En los casos de utilizarse mangueras alojadas en nichos de vidrio rompible, una vez cada seis meses debe revisarse su estado, porque generalmente están resecas o en mal estado, con faltantes de boquillas o con mecanismos de cierre y apertura atascadas por falta de uso. Siempre se deberá prever dentro del volumen de agua de un tanque de reserva una capacidad adicional según muestra el esquema.

Si la decisión fue usar matafuegos, verificar su estado de carga con su correspondiente tarjeta habilitada por una firma seria y el estado de los cilindros, que en muchos casos suelen tener óxido a la vista. Se debe adecuar los matafuegos a cada caso, por ejemplo, no utilizarlos con agua en incendio eléctrico, y es importante instruir al usuario en el manejo de su uso.

En el caso de locales con afluencia de público, señalizar bien las salidas recomendando no entrar en pánico, usar las escaleras, taparse las vías respiratorias con trapo húmedo y no abrir puertas innecesarias que alimentarían la corriente de la llama. En industrias, comercios o áreas administrativas debe realizarse una vez por año un ejercicio-simulacro de evacuación de emergencia.

El comportamiento de los diferentes materiales de construcción frente al incendio es muy diverso. Existen hoy en el mercado placas de roca de yeso resistentes al paso de fuego (no ignífugas) graduadas por tiempo. El yeso es un material ávido de agua; por eso frente al ataque del fuego y ser humectado absorbe una gran cantidad que le permite defenderse.

En el caso de las maderas, éstas generan la ceniza que actúa como un bloqueador de paso del oxígeno y conforma así una defensa natural. Es frecuente ver que en una estructura maderera incendiada las cabreadas mantienen su estabilidad y su forma una vez extinguido el incendio, mientras que no sucede lo mismo con estructuras metálicas, que rápidamente se deforman y entran en colapso. Una de las prevenciones que se suele utilizar para éstos casos es recurrir a las pinturas ignífugas Entre los plásticos, se destaca el comportamiento del PVC, que no propaga llama, a diferencia de los polietilenos, que “gotean” fuego. Esto es para tener en cuenta en la distribución de cableado eléctrico, y en éste caso en particular se deberían utilizar sólo cables antiflama.

El hormigón con recubrimiento de yeso logra un mejor comportamiento ante el fuego por lo antes dicho. En la medida que éste sea más poroso, el englobamiento de burbujas de aire en su interior lo debilita, facilitando su deformación, su consecuente desblocamiento y la deformación final de las barras de acero.

Cuando el hormigón haya sido reparado mediante el uso de bandas de carbono y resinas epóxicas, es necesario saber que éstas se resienten fuertemente ante una alta temperatura y pierden sus cualidades originales.

Los muros de cerámica roja, ya sean huecos o macizos, han pasado en el proceso de su fabricación altísimas temperaturas, por lo que presentan un muy comportamiento al paso de fuego. De las carpinterías que a ellos se amuren serán más resistentes las de madera, no así las metálicas ni las de PVC por su alta deformabilidad.

En algunos casos suelen utilizarse detectores de humo y/o temperatura que actúan accionando una termocupla que libera el circuito de rociadores de techo (sprinklers), ya sean de agua o anhídrido carbónico. En el primero de los casos, los daños producidos al equipamiento suelen ser mayores que los provocados por el fuego mismo, pero el objetivo es preservar la vida.

Al realizar el mantenimiento de oficinas comerciales, bancarias, instituciones sanitarias, etc., hemos notado con qué ligereza se manejan sobre todo los riesgos de fuego eléctrico. Es harto común la utilización de “triples”, “zapatillas” o adaptadores no permitidos), cables a la vista sin encintar, o cintas adhesivas no aislantes. La mayor proporción de incendios son debidos a la suma de estas imprudencias.

El uso de garrafas en mal estado, con conexiones de goma defectuosas, cierres falseados o envases corroídos son más de lo mismo.

Con horror nos tocó ver como una ama de casa, en un fuentón, sumergía las corbatas de su esposo en solvente en el lavadero contiguo a la cocina, con todo cerrado y mientras una olla hervía en una de las hornallas. Insistimos en que no creemos en las casualidades.

Fuente: www.clarin.com
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Por que fallan los solados

Los problemas en los contrapisos, tanto en el suelo natural como en las azoteas, se producen por una concepción equivocada de su función. Se cree erróneamente que éste debe ser una estructura resistente, cuando sus funciones básicas son aislar térmicamente y dar pendiente hacia los desagües.

Pero punto débil de los contrapisos es el agua en la mezcla. Un error habitual es empastar fuertemente la mezcla de los contrapisos con mucha agua, de forma que la misma queda sumamente dura y compacta. Lo correcto es ponerle la cantidad mínima indispensable de agua como para que se produzca la reacción química. Así se consigue una mezcla más flexible que permite la dilatación dentro de la propia masa del contrapiso. Otro detalle a tener en cuenta, es hacer la carpeta y el contrapiso simultáneamente para no usar luego un puente de adherencia. Así se evitan las tensiones tangenciales entre dos elementos de diferentes espesores y módulos de elasticidad. Además, conviene hacerlas con cal hidráulica y no aérea y tampoco se recomienda utilizar cemento por su alta contracción de fragüe.

Los contrapisos en ningún caso se deben apoyar tabiques sin importar el ancho, el espesor y la carga que transmitan.

El síntoma inequívoco de que hay una falla en el contrapiso es que los solados se inflan y se levantan. En casi todos los casos, el problema se debe a su falla de ventilación y a su ejecución altamente compactada.

La solución consiste en proveerle una buena ventilación. Como es inevitable tener que levantar el solado para arreglarlo, la opción más recomendable es hacer canales de ladrillos huecos en trencito, espaciados cada tres metros y que crucen toda la superficie de un muro al otro, rematando en una rejilla de ventilación.

Con esto se consigue que la humedad del contrapiso migre del medio más denso (el contrapiso macizo) al menos denso (el hueco del ladrillo). Esta patología puede presentarse sobre el suelo natural o en azoteas, ya que los contrapisos intermedios no suelen ser afectados. Si es en una azotea, una opción muy efectiva es recurrir a los evaporadores estáticos, que se instalan cada 36 metros cuadrados, aunque con el inconveniente de obstaculizar la transitabilidad de la terraza. El evaporador consta de un marco de cemento, un pequeño techo de chapa y un sombrerete, en los que genera una circulación de aire que absorbe y elimina la humedad. Tanto en la azotea como sobre el suelo natural, el arreglo se complementa colocando entre el contrapiso y la losa de hormigón una barrera de vapor consistente en una membrana multicapa o manta de polietileno.

En cuanto a las carpetas, en sí no suelen presentar patologías. Su función específica es nivelar el contrapiso para colocar solados o membranas, y cuando tienen problemas manifiestan una falla más profunda, como una dilatación del contrapiso, de la losa de hormigón o de ambos. Entonces, la carpeta se craquela por subpresión. Hay que demolerla para proceder a deshumectar el contrapiso como se indicó.

Alisado de cemento

Las patologías más habituales en estos pisos son los “craquelados”, las microfisuras, las fisuras y las grietas, los fuertes desniveles entre paños y las fallas en las juntas de dilatación. Los craquelados se deben generalmente a una humectación fuerte del contrapiso, en ese caso se deberá extraer la humedad a través del método ya indicado.

Otro posible motivo de fisuración es la existencia de una sobrecarga muy fuerte ya sea puntual o uniformemente repartida sobre un contrapiso seco, pero apoyado sobre un terreno de media o baja capacidad portante. En ese caso se verán depresiones tipo valle acompañadas por elevaciones en forma de cresta. No tiene sentido en estos casos rehacer el piso de cemento alisado sino se recalza el sustrato. En la mayoría de estas situaciones se hace necesario remover el contrapiso, ejecutar una subrasante compactada con suelo cemento o suelo cal de unos 0,20 m, colocar una manta de polietileno de 200 micrones y luego rehacerlo con poca agua de amasado. Dejar ventilar para terminar con cemento alisado.

Para obtener un buen resultado se deberá trabajar en paños no mayores de 12 m2 y en lo posible en anchos no mayores de 1,50 m que es la distancia a la que el operario puede llegar con la llana metálica para fratasar la superficie.

Es muy importante la ubicación de las juntas de dilatación y, en el caso de separar los paños con flejes, es ahí donde se deberá materializar la junta.

La ejecución de este piso tiene algunas condiciones básicas que hay que respetar. En primer lugar saber que el espesor va a oscilar entre 50 mm y 70 mm, que deben llevar una malla de hierro del 4,2 o del 6 (si es galvanizada mejor), y que el dosaje estará dado por una parte de cemento, 1,5 partes de arena tamizada y cuatro partes de piedra partida Binder. En el agua de amasado, que debe ser la mínima posible, se puede incorporar un hidrófugo y un ligante acrílico. Al final se espolvorea sobre la mezcla aún fresca de algún endurecedor de superficie resistente a los ataques químicos.

Pisos cerámicos

Los problemas de los pisos pueden deberse a la subpresión generada por fallas en la barrera hidrófuga horizontal o a problemas del propio material o su colocación. En ambos casos, la única solución es reemplazar las piezas dañadas. Los pisos de baldosa de azotea absorben el agua de lluvia, rocío o lavado por su mayor porosidad. En el invierno, el agua absorbida y convertida en hielo, tiende a expandirse, formando exfoliaciones y descamado. Cuando se dilata el conjunto del techo (losa, contrapiso y baldosa), las juntas de unión se comprimen hasta quebrarse, y la baldosa se despega y se rompe. Para evitarlo se ejecutan juntas de dilatación cada 16 metros cuadrados, más las perimetrales.

Las cerámicas semigrés sin esmaltar, de mejor calidad no sufren helacidad por ser más compactas, pero pueden quebrarse por dilataciones del sustrato (debidas a la subpresión). Así que, además de reemplazarlas, hay que rehacer la barrera hidrófuga.

Los cerámicos esmaltados pueden presentar patologías por fallas de fábrica, por ejemplo, que el esmalte se quiebre y astille como un vidrio roto, o se desprenda del “bizcocho” a causa de impactos.

En los pisos cerámicos pueden presentar fallas por defectos de colocación. Por ejemplo, que el espesor de la capa adhesiva no sea el adecuado. Se recomienda quitar una pieza de cada ocho (antes que se seque el adhesivo) y verificar que el dorso esté untado en su totalidad, ya que suele suceder que el adhesivo esté cargado en el centro de la pieza pero no en los bordes.

Calcáreos y graníticos

Los mosaicos graníticos están conformados por una baña o bizcocho y una capa de desgaste, que se pule a piedra fina en fábrica y a plomo en obra para tratar de subsanar defectos de fabricación. El grano de mármol es atacado por la lluvia ácida o el lavado muy frecuente, dado que la mezcla del anhídrido carbónico del aire con el agua forma ácido carbónico que disuelve el calcio, componente básico del carbonato de calcio formando bicarbonato de calcio (sal soluble en agua) dando por resultado pequeños pocitos.

Estos pisos deben lavarse únicamente con productos detergentes neutros. La colocación, ya sea con cal aérea o pegamentos cola debe contemplar el espacio para juntas de dilatación cada 16 m2. En los casos de roturas pequeñas se pueden reparar con espatulado de resinas epoxi o cemento blanco con marmolina.

Las baldosas calcáreas usadas generalmente en veredas exteriores son bastante frágiles y muy sensibles a las variaciones higrotérmicas. Su colocación, sobre todo en veredas, se ve comprometida por la ausencia de juntas de dilatación y la falta de una carpeta inferior impermeable (son muy porosas y absorbentes).

Vinílicos y de goma

En este tipo de solados los problemas se manifiestan cuando son aplicados sobre suelos engrasados o sucios, con humedad, polvo atmosférico, flojos o discontinuos. Las fallas en las uniones se manifiestan cuando, por ausencia de la masa niveladora, el sustrato rechaza al adhesivo o bien porque éste no fue correctamente aplicado. Antes de su colocación debe medirse el grado de humedad con higrómetro. Las patologías generadas por este motivo sólo son solucionables, levantando las placas o el rollo, ejecutando la barrera hidrófuga, aplicando a posteriori la masa niveladora y una vez seco el conjunto, recién recolocar.

Otro de los motivos que generan fallas de uniones, es la deficiencia en el untado del adhesivo, el cual debe ejecutarse con llana dentada. Esta situación se diferencia de las anteriores por producirse sólo en los bordes del solado, permaneciendo el resto de la placa firmemente adherida al sustrato. Las quebraduras de estos materiales son producidas por haberse apoyado los mismos sobre solados preexistentes discontinuos o desnivelados, ya que al tratarse de “membranas” de muy bajo espesor, copian las imperfecciones del sustrato.

Fuente: www.clarin.com
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