Vivir junto a la cárcel: problemas cotidianos que sufren en Villa Devoto

Los vecinos del entorno del penal se quejan de la presencia de basura y roedores, de la depreciación de las propiedades y de la inseguridad; no hubo una respuesta oficial sobre la promesa de traslado

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“Cuando publicamos una propiedad en Villa Devoto, la pregunta inmediata que nos hacen es a cuántas cuadras queda de la cárcel. Si está cerca, pierde un 30% de su valor.” Las palabras pertenecen a Sergio Pezzuto, socio de la inmobiliaria que lleva su apellido, y sirven como ejemplo del estigma que marca en el barrio el único penal que funciona dentro la Capital. Un cartel de Pezzuto ofrece por estos días un local en alquiler en la esquina de Bermúdez y Nazarre, en la vereda de enfrente al acceso principal de la prisión.

Allí, a las 13.30 de un miércoles de junio, decenas de mujeres hacen fila para ingresar en la cárcel a visitar al familiar que aguarda tras las rejas. A sus pies, asoma un tendal de papelitos y migas, evidentes restos de alimentos que consumieron probablemente para hacer más llevadera la espera. Junto al cordón, yace un pañal usado.

Cuando entran al penal les hacen dejar todo, entonces queda un tendal de basura en la calle, es un asco“, reclama Laura Fernández, vecina de Pedro Lozano al 1900, a metros del predio. El jefe de la comuna 11, Carlos Guzzini, le explica que ya solicitó al gobierno poteño que coloque un contenedor en la cuadra.

La cárcel de Villa Devoto funciona desde 1927 en la manzana delimitada por Lozano, Bermúdez, Nogoyá y Desaguadero, sobre terrenos pertenecientes al Estado nacional. Según datos de la Procuración Penitenciaria de la Nación, aloja a 1705 internos en la actualidad; otros seis permanecen en hospitales extramuros. La depreciación de las propiedades del entorno y la basura acumulada en el perímetro son apenas dos de los perjuicios que sufren los habitantes por vivir junto a la cárcel.

La presencia de roedores en la calle, el ruido de recitales realizados para los presos a la hora de la siesta, dificultades para estacionar por el movimiento de autos que van hacia el penal, el intercambio de droga sobre los muros y la sensación de inseguridad por ser vigilados a través de las ventanas desde los pabellones completan los trastornos más mencionados.

En efecto, sobre las calles Desaguadero y Nogoyá varias casas ostentan sus ventanas selladas, con cemento u otros materiales. “No están vacías. Acá nadie vende, porque no hay compradores. Los moradores eligen protegerse y solamente tienen ventanas que dan hacia patios internos. Uno tiene miedo de que le monitoreen los movimientos”, detalla Manolo Fandiño, de 70 años, que reside sobre el pasaje Ukrania.

“En 2011 vino en campaña Cristina Kirchner y anunció la mudanza de los internos a una cárcel por construirse en Mercedes y el cierre de Devoto. No pasó nada”, se lamenta, con bronca, Manolo. “Era todo mentira. Ahora que vienen las elecciones capaz prometen lo mismo”, agrega Salvador Arcifa, que se domicilia en la calle Allende.

Fue en junio de aquel año cuando la Presidenta anunció que dos meses después se abrirían las ofertas para licitar la construcción del Complejo Agote, de 213 hectáreas, en Mercedes, provincia de Buenos Aires.

Pese a los insistentes mensajes enviados por LA NACION a los voceros del ministerio, no hubo respuesta alguna sobre si existen avances en la obra de la nueva cárcel en Mercedes ni sobre la probable fecha de cierre del penal de Devoto.

“Los presos no quieren el traslado. Tampoco sus familiares ni abogados, porque acá les queda más cómodo para visitarlos. Mientras tanto, padecemos nosotros. En mi cuadra no se puede estacionar; antes hasta subían los autos a la plazoleta Salvador Mazza, que por suerte fue recuperada y arreglada”, opina María Teresa Simó, otra vecina de Pedro Lozano al 1900.

El diputado porteño Cristian Ritondo (Pro) también milita por el inmediato traslado del complejo penitenciario. “Villa Devoto tiene que poder recuperar la tranquilidad perdida”, dijo.

Manolo Fandiño recuerda que, cuando la cárcel era para contraventores, el perímetro estaba vallado con alambre tejido y luego llegaron los muros. Hoy, esas paredes no alcanzan para frenar el intercambio de “palomas”, como Arcifa y otros vecinos llaman a los paquetitos que aparentemente tendrían droga en su interior, se arrojan hacia y desde el complejo, sobre la calle Desaguadero, según cuentan en el barrio.

El hombre y su mujer, María del Carmen Tansini, de 65 años, recorren ese lateral de la prisión. “Pese a que prometieron cerrarla, están invirtiendo en construir escaleras externas para que los reclusos bajen de los pabellones y participen de talleres -describe ella-. De este lado también se hacen recitales al aire libre todos los viernes a primera hora de la tarde. No podemos dormir la siesta por el volumen de la música.”

Los vecinos señalan las defectuosas veredas alrededor del penal: están rotas y deprimidas, fácilmente inundables. En Desaguadero al 1900, una cubierta de ramas esconde una cámara séptica con la tapa desplazada. “Por acá salen ratas enormes y olores nauseabundos. Parece que, como se trata del entorno de una cárcel, no vale la pena realizar mantenimiento. Vivimos a la buena de Dios”, se resigna Manolo.

PLAGAS Y HACINAMIENTO

Cucarachas y ratas

Según denunció la Procuración Penitenciaria de la Nación, se constató la presencia de cucarachas, moscas y ratas dentro de la cárcel. Esto agrava las condiciones de detención.

Superpoblación

El subdirector de Protección de Derechos Humanos de la Procuración, Leonardo Filippini, dijo que el penal está al tope de su capacidad, con 1705 reclusos.

Fuente: La Nacion
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Policía: desalojo de Departamental por deudas

El propietario del inmueble donde funciona la sede policial, en Pinamar, reclama el desalojo a raíz de que el municipio le debe más de un año de alquiler

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Las sorpresas no se agotan nunca en la relación entre privados y el Estado. En este caso, en Pinamar, está a punto de procederse al desalojo de la sede de la Departamental local, a causa de una deuda en el alquiler desde enero de 2013.

El propietario reclamó a las autoridades judiciales que lleven adelante la medida puesto que la Municipalidad de Pinamar nunca renovó el contrato ni pagó suma alguna. “Ese edificio fue alquilado por la Municipalidad de Pinamar para que lo ocupe la Departamental, contratos que se vienen sucediendo desde 2006. Ocurre que desde el 1 de enero de 2013 la Municipalidad no paga un peso. Entonces se inició el desalojo en el Juzgado de Paz de Pinamar, y este viernes pedimos el desalojo inmediato del inmueble”, remarcó Jorge Martínez.

La deuda alcanzaría los 500 mil pesos. A la vez, explicó el dueño del inmueble, en declaraciones a El Mensajero, que el último contrato (2012) fue de 72 mil pesos anuales. Sin embargo, luego de vencerse se habrían negado a firmar la renovación.

La policía “se quiere ir porque incluso ese edificio, según informes del propio Departamento de Arquitectura de la policía, tiene riesgo de derrumbe, sin embargo la Municipalidad no les ofrece otro local. Porque, según me comentaron, nadie les quiere alquilar porque tienen fama de malos pagadores

Fuente: www.latecla.info
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Otro derrumbe con heridos en una obra en construcción de la ciudad de Buenos Aires

Fue en Palermo, cuando cedió una losa del segundo piso de una obra y un operario resultó lastimado. En los últimos años se calcula que hubo al menos 22 desmoronamientos con 10 víctimas fatales y 99 heridos.

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Un operario resultó herido cuando cedió una losa del segundo piso de una obra en construcción en avenida Córdoba y Bulnes, en el barrio porteño de Palermo, por lo que fue clausurada la edificación y la justicia realizará peritajes.

El operario de 30 años fue trasladado con politraumatismos al Hospital Fernández pero “está fuera de peligro”, informó el director del SAME, Alberto Crescenti.

“Buscamos con personal de bomberos y perros entrenados y no encontramos más personas heridas en el lugar”, dijo a Télam Daniel Russo, director de Defensa Civil de la Ciudad de Buenos Aires.

También confirmó que la obra “quedó clausurada para realizar peritajes, pues ya estaban construyendo un segundo piso, que es donde cedió la losa y provocó el derrumbe”. (Télam)

En los últimos años, la Ciudad de Buenos Aires se vio afectada por graves derrumbes como el del gimnasio del barrio porteño de Villa Urquiza, en agosto de 2010, y la caída de un edificio entero en la calle Batolomé Mitre al 1200, en noviembre del 2011.

Ambos hechos tienen como punto en común la realización de excavaciones en las paredes linderas que socavaron los cimientos y, en el caso del edificio de Bartolomé Mitre, el alerta de un vecino evitó una tragedia, al evacuarse a la totalidad de los moradores, excepto el de un adulto mayor, que murió.

La Auditoría General de la Ciudad y la Liga de Consorcistas reclamaron mayores controles por parte del gobierno porteño, para evitar nuevos derrumbes y ante los 22 desmoronamientos con 10 víctimas fatales, 99 heridos y más de 100 millones de pesos en daños materiales, que se produjeron en lo que va de la gestión de Mauricio Macri, según informó Diario Popular.

Fuente: www.iprofesional.com
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Tratamientos para limpiar y reparar fachadas

Especialistas en restauración brindan técnicas para trabajar en frentes y balcones. Criterios de preservación para construcciones con valor patrimonial.

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Un relevamiento de las fachadas de los edificios de la Avenida 1 entre 44 y 60 de la ciudad de La Plata mostró que la mitad de los frentes estaba afectado por pátinas superficiales. Las otras patologías más habituales fueron las fisuras (38%) y la humedad ascendente (38%). Los datos fueron aportados por el ingeniero Fabián Iloro, jefe del área patrimonio del Lemit (Laboratorio de Entrenamiento Multidisciplinario para la Investigación Tecnológica). , en el marco del 1º Congreso Técnico Nacional sobre Mantenimiento Edilicio, organizado por La Cámara de Empresarios Pintores y Restauraciones Afines (CEPRARA), días atrás.

En la evaluación de edificios hay que seguir ciertos pasos: inspección, diagnóstico, pronóstico y reparación. Además de determinar el método de la intervención, Iloro destacó la importancia de establecer también un plan de mantenimiento: “es igual que un médico, hay que prevenir”, dijo.

En las fachadas, los vegetales se concentran en las oquedades y fisuras y el ingreso del liquen genera ácidos que deterioran aún más esas imperfecciones. El hidrolavado deja una superficie más rugosa que acelera el proceso de reaparición, de ahí la importancia de aplicar un biocida.

En las experiencias del Lemit, una superficie limpia duró tres meses hasta la reaparición de una pátina. Mientras que otra tratada con biocida estiró la eficacia del tratamiento hasta tres años.

Iloro hizo referencia a una experiencia sobre la Catedral de La Plata donde se aplicó biocida (solución de cloro al 40%) y luego hidrorrepelente sobre el ladrillo de la fachada, y se dejó otro sector sin protección. “A los dos años, la comparación entre los sectores mostró una notable diferencia”, destacó el especialista, aclarando que ese tratamiento permite que el material libere agua acumulada y que respire. El hidrorrepelente se aplica luego de tres días de haber hidrolavado, hasta la saturación. Se pueden usar pistolas de aire caliente para secar.

Para tratar helechos también se usa un biocida, por ejemplo agua oxigenada, evitando la poda y la extracción mecánica. “El biocida daña la raíz y permite quitar la planta sin dañar más la estructura”, apunta Iloro. El siguiente paso será sellar fisuras y grietas.

. A su vez, las fisuras por secado de los morteros de reparaciones se pueden disimular en las aristas, columnas y ornamentos.

Cuando se inspeccionen balcones, Iloro recomendó atender a señales como manchas de óxido y fisuras porque son un síntoma. Y explicó que la lixiviación (el agua pasa por la pared y deja depósitos cálcicos) y la carbonatación eliminan las cales y dejan a la vista las partes metálicas.

Por: PAULA BALDO
Fuente: Arq Clarin
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Los costos apuntan en alza

Impacto de un nuevo ajuste en la mano de obra. Un nuevo aumento en los jornales de septiembre se reflejó en los costos.

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Un nuevo aumento en los jornales de septiembre se reflejó en el costo de las obras. Sin nuevos aumentos salariales ni pagos no remunerativos pautados para los próximos meses, los presupuestos se podrían modificar por la variación de los precios de los materiales.

En septiembre se hace efectivo el pago del segundo tramo del incremento salarial (un 6%) acordado en las últimas paritarias. Este ajuste se suma al 18 % que ya se hizo efectivo sobre los niveles salariales a partir de junio. En los presupuestos, el impacto de la suba de la mano de obra resulta amortiguado con el aumento algo menor de los materiales, promediando así un 4%. Mientras que, en lo que va del año, los modelos reportan un incremento de entre 18 y 20 %.

Respecto a la evolución del nivel de empleo formal, en el primer semestre del año se evidenció una recuperación impulsado por la creación de nuevos puestos de trabajo en las empresas de mayor tamaño relativo, según detalla el último informe del Ieric. La misma fuente destaca que, al contrario de lo que aconteció durante los últimos años, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es el área que presenta la mejor evolución del empleo registrado, mientras que en los municipios del GBA la recuperación se mostró algo más tardíamente y con un menor impulso.

El salario promedio percibido en junio por los obreros de la construcción creció un 26,1% interanual. Para el Ieric, los salarios siguen las negociaciones colectivas, aunque ellas no determinan completamente su evolución.

Fuente: Arq Clarin
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Vivir incómodo: el infierno de dormir entre ruidos, temblores y carteles luminosos

Historias de personas asediadas por un vecino invasor e insufrible; las estrategias para sobrevivir mientras la Justicia mira para otro lado

Vivir pegado a una autopistasentir el temblor de la casa por el paso del trenescuchar los llantos de la sala velatoria de al ladoconvivir con un taller de motos. La lista de lugares incómodos para vivir podría seguir en una parrafada interminable.

Gloria, Camila y Mariana traen como ejemplos sus pequeños infiernos cotidianos. A Gloria le instalaron frente a su casa un cartel luminoso que funciona como un televisor gigante que no se apaga nunca. Camila vive entre una estación de bomberos y una central de policía; las sirenas, que se encienden hasta cinco veces por día, la obligan a pausar su vida mientras el terror lo ocupa todoMariana, que compró su casa en una zona tranquila de Palermo a fines de los 90, hoy padece la música de multitud de bares, las parvas de basura de restaurantes, los desechos de borrachos y la imprudencia de automovilistas que estacionan frente a su garaje y la dejan presa en su casa durante horas.

EL CARTEL LUMINOSO DE GLORIA

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Gloria Slemenson compró la casa donde vive, en la avenida Federico Lacroze 3472, en el barrio de Colegiales, en 2006. Estilo antiguo, tres ventanales alargados, altísimos en el frente. El sol de primera hora de la tarde, justo sobre el sofá donde dormiría su siesta. Así lo hizo durante seis años. Su vida cambió cuando el teatro que había frente a su casa se convirtió en la radio Vorterix y se instaló un cartel luminoso que ocupa todo su frente y se refleja con sus luces de colores hasta en el último rincón de su hogar, hasta entonces, apacible.

“Nos pusieron esta especie de televisor que no se apaga nunca y que pasa las mismas publicidades continuamente y no nos permite decidir cuánta luz queremos tener, si queremos estar a oscuras. Es un constante movimiento, un estímulo que no para de molestarte los ojos”, dice Gloria, y su voz es una mezcla de queja y bronca. Ella lo llama impotencia. También dice que es un odio el que le genera a veces. “Quilmes, Pepsi, Movistar, Samsung y Sion. Hace poco agregaron una de Halls”, recita de memoria el listado de publicidades. “Después las caras de ellos, los de la radio; tengo ganas de tirarles con dardos”, se sincera.

La rutina de la familia, que también integran sus dos hijas adolescentes, cambió con este artefacto inmenso que parpadea incansable. “Si querés ver televisión en el living tenés que cerrar las persianas, si querés leer tranquila o usar la computadora, también. Es todo un preparativo cada vez”, dice Milena, una de las hijas, instalada en la sala de estar, el lugar donde “ya no se puede estar”. Irrita, estresa estar en ese pseudo boliche bailable.

Es de noche, el momento en que el cartel no tiene nada que envidiarle al que aparece en el capítulo del negocio de pollos en la serie Seinfeld. Mientras madre e hija hablan de espaldas a los ventanales sus caras se vuelven rojas, blancas, rojas otra vez. En los cuadros también rebota la luz del armatoste. Cuentan que el espacio central de la casa ahora se usa menos. A veces, prefieren comer en la cocina para no recibir de lleno el impacto del “nuevo integrante de la familia”, como le dicen. En la cocina no se escapan por completo, sólo se reduce el efecto. En la ventana que da al patio, ya no se ve el jardín: también se dibuja el cartel. Publicidades, recitales, las caras de los locutores tamaño gigante.

“Cuando hice una reunión por mi cumpleaños, las primeras dos horas toda la gente estaba hablando del cartel, porque es el nuevo protagonista de la casa. Es una invasión total”, se lamenta Gloria, que es arquitecta y cuenta lo mucho que le costó conseguir una casa que le gustara. Su casa le encanta, a no ser, claro, por el detalle del cartel. “Cuando mi otra hija festejó su cumpleaños los amigos le decían: ‘Qué linda tu casa, lástima el cartel’, lo dice con pena. Se toma la cabeza. Estar un rato en su casa produce dolor de cabeza.

Recuerda que cuando eligió vivir en esta casona dedicó tiempo a la iluminación. Dicroicas en ambos extremos de la biblioteca; lámparas focalizadas sobre los cuadros, la luz principal más potente, una más tenue en la zona del sillón. Todo quedó anulado. Aún cuando todas las luces de la casa de Gloria estén apagadas, parece que el televisor no cesara nunca.

“Para no tener el parpadeo tendríamos que vivir con las persianas cerradas, herméticas y además colgar frazadas negras para que no se filtre. Y la realidad es que a mí me gusta vivir con las persianas abiertas y me gusta ver la calle y me gusta el barrio y el edificio donde está el cartel, que es un edificio antiguo que tenía un frente que estaba bien. . Hace un año y el enojo no pasa.

Agotó varias instancias de diálogo: intentó que la atendieran en el edificio de enfrente, trató de conversar con vecinos -como no les da de lleno el cartel, dijeron que en sus departamentos viven como si todas las noches hubiera relámpagos-, hizo al menos siete denuncias en el CGP de su barrio, en el gobierno porteño, una presentación en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, participó de una mediación, pero no tuvo suerte. “Ahí está”, dice, señala hacia la luz roja, blanca, roja otra vez.

Gloria pensó en mudarse, pero no le parece justo. “Me gusta mucho mi casa. Me da bronca que me la arruinen”, dice. “¡Esa propaganda es la peor!”, interrumpe Milena. El cartel es la atención de las miradas. “Cartel luminoso, es una trampa, es una publicidad de Sion”, lee en voz alta. “Parece una cargada”.

CAMILA Y LOS RUIDOS MOLESTOS

Cuando Camila alquiló un departamento en un noveno piso de la calle Camargo 673, en el barrio de Villa Crespo, no prestó atención a sus vecinos. De un lado, un cuartel de bomberos, del otro, una sede de la policía federal, en el contrafrente un colegio, con jardín de infantes incluido. Las tres veces que fue a verlo no vio autobombas, ni patrulleros, ni chicos. Ningún sonido extraño que la alertara.

Pero esa primera noche en su nueva casa, cuando todavía tenía la mayoría de sus cosas en cajas, empezó a sonar una sirena que la paralizó. “Estaba cenando tranquila después de un día de ir y venir con cosas cuando arrancó una alarma muy fuerte, muy chillona. Me cuesta describirla“, dice. “Me asusté, no sabía qué pasaba. Parecía que sonaba adentro de mi casa“, cuenta a LA NACION ahora, casi un año después del episodio imborrable.

Se asomó al balcón de su pequeño departamento y los vio. “Los bomberos se movían rápido, con gracia; cada uno parecía saber qué hacer. Algunos se iban poniendo sus trajes por el camino. Deben haber sido pocos minutos pero para mí, fueron eternos”, dice. Ella los miraba. No podía hacer otra cosa más que quedarse ahí esperando que el autobomba se llevara ese agudo total. Esa noche no ocurrió, pero a veces se unen los patrulleros de la comisaría. Camila ahora ya sabe eso y sabe también que la sirena de los bomberos puede sonar hasta cinco veces por día.

“Mientras suena es una invasión total, olvidate de hacer nada”, dice. La vida se pone en pausa. Si Camila estaba cocinando, tiene que dejar de hacerlo. Si escuchaba música, debe apagarla. Si hablaba por teléfono, se ve obligada a cortar. Si miraba una película, pone stop. Si dormía, se desvela. Incluso en la pileta de la terraza se paralizan todos.

“A la gente que me conoce no le digo de este problema. A veces tengo visitas y si se lo encuentran, se lo encuentran. ¿Qué pasa?, me dicen. Todos se quedan paralizados, no entienden nada”, cuenta. En sus caras revive sus primeras veces. “Se nota que el sonido los altera”.

Con la policía es menos grave, admite. Los escucha menos porque están en el contrafrente. “.

Su primera mañana en el nuevo hogar también fue memorable. Se despertó cerca de las nueve cuando sonó el primer timbre del recreo. Desde la ventana de su cuarto subían los gritos de los chicos que corrían por el patio, cantaban, jugaban. “A la mañana me despiertan ellos sí o sí; quiera o no son mi despertador”, dice. Camila cuenta que hay días en que le resulta alegre mirarlos divertirse y se los queda mirando, aún somnolienta. “Otras veces me dan ganas de que se callen y dejen de gritar. Porque tienen cantitos grupales, también a veces se cargan entre sí a los gritos”, explica.

Un universo nuevo de voces agudas. Nada comparable con la sirena de los ágiles hombres de mamelucos y cascos.

MARIANA Y EL CAOS DE VIVIR EN PALERMO HOLLYWOOD

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Esa noche a mitad de semana, cerca de las once, Mariana se pasó un buen rato estacionada frente a la casa de Honduras, en el barrio de Palermo, que luego se decidió a comprar. No se veía un alma por la calle, tanto que pensó que la tranquilidad le daba un poco de miedo. Hace quince años de esto. Ahora el barrio que ella describe está en las antípodas: se convirtió en Palermo Hollywood, una zona de Buenos Aires donde bares, restaurantes y boliches ocuparon los lugares de las casas de familia, los vecinos históricos que, de a poco, se fueron yendo.

Mariana también quiere irse y esa es la razón por la que no quiere dar su apellido, ni permitir fotos en el frente de su casa. “Tengo que vender. Hace años que quiero vender”, dice, varias veces en la entrevista con LA NACION. Son las seis de la tarde, el living de su casa aún no recibe la música tipo marcha del bar contiguo, que se transforma en boliche con DJ en vivo.

Cuenta que en estos años ya padecieron los más variados problemas con los nuevos inquilinos: ruidos molestoshumedadextractores que no funcionan, bolsas de basura frente a su casa, tránsito imposible. “Era un barrio de familias. Durante el día había más o menos movimiento porque estaba el canal América; pero en los últimos años explotó de día y de noche. Abrieron muchas productoras y no tenés nunca lugar para estacionar; además están los restaurantes que funcionan al medio día y a la noche. Después, tenés los bares/boliche que empezaron a brotar“, relata Mariana.

El cambio de entorno empezó a complicar su vida. Con el primer restaurante que se instaló al lado de su casa el grave problema fue un extractor que funcionaba en la terraza vecina, pegada a la suya, y que desparramaba grasa al punto que la familia la clausuró. “No se usó más ni para tender ropa, ni para estar. Porque subía la grasa y en la terraza salía algo que giraba, como un dispersor de grasa, entonces ensuciaba el piso, la ropa, todo“, recuerda. Habla de una “pelea a muerte” con los vecinos. Dos años vivieron así hasta que los inquilinos se terminaron yendo porque al parecer no les iba bien.

Luego vino otro restaurante. “Cambió el extractor”, aclara, como si fuera un hito en su vida. Mariana pensó que todo iría mejor esta vez. Pero habilitaron la terraza en verano y la alquilaban para fiestas de quince. “Ponían karaoke. Era como tener el karaoke acá adentro”, se toma la cabeza de sólo pensar en esas épocas. Hizo tantas denuncias que logró que suspendieran el servicio de fiestas. En esa época, frente a ese restaurante abrió otro, tipo parrilla. Fue un caos de gente. “Se puso de moda, servían bien, barato, no sé. Para nosotros eran un infierno esos dos locales juntos”, dice.

Ahora no la pasan mucho mejor. El bar que se instaló hace casi un año varias veces por semana contrata a un DJ y pone música en un local que no tiene aislamiento acústico. “Sigue siendo la misma casa del 1800 con puertas de vidrio, pero lo usan como un boliche. No sólo eso sino que habilitaron la terraza y ponen parlantes, con lo cual es como tener un boliche ahí pegado, al aire libre”, relata. Las terrazas están separadas por una medianera. Incluso Mariana construyó su habitación allí para escapar a los ruidos de la calle. Pese a estar preparada con vidrios dobles la música le resulta “enloquecedora”.

A sus hijos adolescentes también les molesta. A veces, en solidaridad con su madre, van a mitad de la noche a pedir si pueden bajar la música. “Por el ruido del boliche de al lado he tenido episodios de bajar en pijama a las tres de la mañana de un miércoles, pararme en el medio del boliche con toda esa gente tomando tragos de no sé qué cuernos y yo, hecha una loca a los gritos pelados, pedir que bajen la música. En el medio, sacada, no era yo. Y salía y revoleaba sillas“, dice, la misma mujer que conversa amable desde hace una hora en su living. “Como una cosa de bronca. Porque no podés creer que nadie pueda hacer nada con esto. Yo quiero dormir no estoy pidiendo nada de otro mundo“. La respuesta que recibe de los dueños de la noche es que ni sueñe con que bajen la música: la música aumenta el consumo de alcohol y ese es el negocio.

No son sólo gritos. Encuentran botellas, también orinan en el frente de la casa. “A veces, hemos encontrado a alguno muy borracho tirado acá. En ese caso no podemos hacer más que llamar a la policía, pero si no hizo ningún destrozo no lo pueden venir a buscar”, comenta. Además de personas, también se encuentra con autos frente a su garaje. No respetan ni el cartel de no estacionar, ni la línea amarilla; ni los trapitos los intimidan. “Tenemos trapitos, que todo el mundo los odia pero yo los amo porque evitan que me estacionen en el garaje”, dice. Aunque admite que no siempre da resultado. A veces ellos se distraen o directamente no les hacen caso y estacionan frente al garaje.

Ya sabe que si llama a la policía le hacen la multa pero no llevan el auto. Recuerda, no sin pudor, las miles de veces que se metió al restaurante del lado a buscar al dueño del vehículo. “Entraba, me paraba en la mitad del lugar y empezaba a gritar: ¿Quién estacionó en mi garaje? Entonces por ahí se levantaba uno y decía: ¡Ay, perdón! Otras veces no aparecía nadie, pese a que iba mesa por mesa”, cuenta. Ella se paraba indignada frente a su casa esperando al infractor. La mayoría de las veces se cansaba antes y se iba. Cuando volvía, la entrada ya estaba libre.

Casi en la despedida, cuando empieza a cansarse de repasar los temas por los que quiere vender a toda costa, se acuerda: “¡La basura! Es un tema porque hay muchos restaurantes. Ninguno quiere tener su basura en la entrada. Los del frente me ponen el carrito en la puerta del garaje, imposible de mover lleno de basura. Entonces salgo con el auto y lo tiro a la mitad de la calle. Ahí lo dejo”, dice. Como no alcanzan los contenedores empiezan a dejar cosas en la calle. “Más de una vez me encontré con bolsas negras llenas de carcasas de pollos puestas debajo de mi árbol”, dice.

Todo esto está registrado en una veintena de denuncias. “Estamos con presentaciones judiciales y mediaciones a pleno. Pero cuando te hacen ver que eso se vuelve el centro de tu vida te das cuenta de que no vale la pena. Por eso me quiero ir de acá”, dice. Hace el esfuerzo de minimizar su fastidio cotidiano, pero no le resulta fácil. Muestra, como evidencia de su karma, el cuaderno que tiene con denuncias -más de catorce- y sus respectivos días y horarios -miércoles, jueves, viernes; 2, 3, 4 de la madrugada- y el estado en que están -la mayoría no prospera. “Si no las seguís de cerca, te archivan las causas. Mañana tengo que llamar por una a ver qué pasó que nunca vino el inspector a constatar“, dice, como para sí..

Fuente: La Nacion
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Después de la tragedia I: el drama de los que perdieron todo y vuelven a empezar

En pocos días comenzarán a demoler los edificios destruidos por el estallido de gas; para los vecinos el dolor no se aplaca, pero intentan salir adelante con lo poco que lograron recuperar; cuatro heridos continúan internados

A Daniel Baladassi y Anahí Salvatore no les es fácil mostrar su nuevo hogar. El desorden reina en el departamento prestado. Los escasos bienes que pudieron rescatar de su casa todavía no están ubicados y hay valijas diseminadas por el espacio. Algunas prendas están colgadas a la vista. Es necesario ventilarlas: aún están impregnadas por el humo que intoxicó a Anahí aquella trágica mañana del 6 de agosto. “Parecemos unos linyeras”, dice la mujer de 49 años. Pero no se queja. Se siente afortunada por estar con vida. El desorden es nada comparado con la pérdida de 21 víctimas, aclara con los ojos húmedos.

Como cientos de rosarinos intenta retomar una vida normal, comenzar de nuevo. Pero para quienes sobrevivieron a la trágica explosión de gas nada volverá a ser como antes.

Cada mañana, desde hace dos semanas y media, Anahí y Daniel desayunan en el bar Malos Conocidos, que les brinda de manera gratuita esa comida a los damnificados de la calle Salta. Anahí necesita estar cerca de lo que era su hogar. A 60 metros del restaurante quedó el fruto del trabajo de toda la vida de la pareja. Y pronto, en pocas semanas, la demolición borrará todos los rastros.

“Por suerte, pude volver y recoger cosas importantes. Recuperamos fotos, algo de ropa”, cuenta Anahí a LA NACION. La fatal explosión no perdonó su hogar y, de un momento para otro, se quedaron en la calle, sólo con las prendas que vestían. Enseguida, un primo de Daniel les facilitó un departamento acogedor. Para la mujer, el gesto “fue una bendición”.

“Tenemos bolsas de ropa desparramadas. Mucha fue donada por nuestros amigos o comprada por mis hijos”, explica Daniel, que no sabe quién le regaló la camisa, el suéter y el jean que está usando. Las prendas que lograron sacar de su departamento del 5° B tienen polvo, restos de vidrios y olor a humo.

Al acceder a lo que quedaba de su departamento de cuatro ambientes, en el que la pareja vivía desde hacía 10 años, Anahí alcanzó a ver su sillón, de 1,80 de ancho, doblado a la mitad y colgado de lo que quedaba del balcón; la heladera no estaba. En su lugar había un hueco que daba al vacío.

Transcurrieron más de dos semanas y, pese a la alegría de seguir con vida, Anahí continúa angustiada. Siente culpa por haber sobrevivido y que vecinos suyos, sobre todo los jóvenes, hayan muerto. “Es un antes y un después”, sintetiza. Ahora, sólo quiere buscar un nuevo lugar para vivir. Con dolor, Daniel sólo desea que su edificio sea derrumbado lo más pronto posible. Aunque siente perder para siempre más de 30 años de trabajo como ingeniero geográfico, que quedaron en decenas de archivos guardados en una de las habitaciones que usaba como oficina.

Fuente: La Nacion
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Los edificios de la explosión de Rosario serán demolidos en 15 días

Los dos edificios afectados por la explosión de gas en Rosario, que se saldó con 21 muertos y decenas de heridos, serán demolidos en el plazo de quince días, según ha avanzado el ministro de Gobierno de Santa Fe, Rubén Galassi.

Según explicó el funcionario, así lo ha solicitado la Justicia que está investigando las causas y responsabilidades del suceso, y que ha pedido unos 15 días para concluir con las pruebas periciales.

“Pasado ese lapso entendemos que se comenzará con la demolición, los edificios de la calle Salta al 2141 serán demolidos por peligro de derrumbe”, explicó el ministro.

La investigación por la tragedia, que causó 21 muertos y decenas de heridos –el último 6 de este mes de agosto–, está a cargo del juez de instrucción Javier Beltramone, quien en el marco de la causa decidió dejar en libertad al único imputado, el gasista Carlos García.

Además, el magistrado rosarino pidió ampliar la declaración indagatoria de los funcionarios de la empresa Litoral Gas S.A, según informa Télam.

RECONOCIMIENTO A FFAA

En relación con esta tragedia, el ministro de Defensa, Agustín Rossi, encabezó este jueves un acto en reconocimiento a los soldados voluntarios que participaron de las tareas de rescate en Rosario. La ceremonia se llevó a cabo en el Batallón de Ingenieros I Zapadores Coronel Cztez, ubicado en la ciudad de Santo Tomé.

“Estamos orgullosos de la tarea que hicieron los soldados, suboficiales y oficiales de Santo Tomé que participaron en la tragedia de Rosario”, dijo el ministro Rossi al aludir a la labor para auxiliar a las víctimas del derrumbe de un edificio, y destacó el “compromiso, amor y profesionalismo” con el que desempeñaron su labor.

Rossi destacó que durante los 7 días de trabajo en la zona de derrumbe, hubo “una fuerte participación” del ejército y sobre todo del escuadrón de Ingenieros”. “Desde un principio estuvimos a plena disposición del gobierno provincial, quien era el que marcaba, lógicamente, las necesidades. Por eso, en un primer momento pusimos a disposición unos 70 soldados, pero se fueron precisando más efectivos y allí sumamos al Batallón de Ingenieros”, expuso.

En el acto, se descubrió una placa en reconocimiento a los 114 soldados del batallón que participaron en tareas de remoción manual, traslado de escombros y encofrado de columnas. Además, se hizo entrega de medallas y diplomas en distinción a la labor realizada, tanto a los soldados como también a civiles que participaron del operativo.

Fuente: www.eleconomistaamerica.com.ar
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Explosión en Rosario: demolerán el edificio en 15 días

El gobierno local confirmó que derribarán las torres afectadas.

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La fuga de gas que terminó con la vida de 21 personas y dejó a más de 60 heridos, provocó serias destrucciones en el edificio de la calle Salta 2141, en la ciudad de Rosario, al punto tal que “no hay manera” de recuperarlo. Por eso, las autoridades decidieron que al término de las pericias será derribado en su totalidad.

Así lo confirmó hoy el ministro de gobierno de Santa Fe, Rubén Galassi, al explicar que “la Justicia ha pedido 15 días para terminar con las pericias necesarias, pero pasado ese lapso se comenzará con la demolición”.

La municipalidad de Rosario estima que recién dentro de cuatro meses la zona quedará absolutamente limpia ya sin las torres. Luego, detallaron que serán dos empresas locales y dos con sede en Buenos Aires las que trabajarán en el lugar “ni bien termine el proceso legal”.

En tanto, la calle Salta continuará cortada. El subsecretario de Planeamiento municipal, Eduardo González, precisó que las tareas para restaurar el tránsito con normalidad será “manual, mecánico y en algunos casos, de corte, para poder desarmar toda la estructura” edilicia al tiempo que se despeja el asfalto.

La causa. La semana pasada, el juez que investiga el trágico siniestro, Javier Beltramone, puso en libertad al único imputado por el hecho, el gasista Carlos García, y ordenó ampliar la indagatoria de los funcionarios de Litoral Gas S.A, en una batería de medidas para impulsar el expediente.

Fuente: Perfil
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Pedirán la excarcelación del gasista imputado por la explosión en Rosario

Su abogado defensor solicitará también la ampliación de la indagatoria; está acusado de “estrago culposo agravado” por el hecho en el que murieron 21 personas

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La defensa Carlos Osvaldo García, el gasista imputado por “estrago culposo agravado” por l a explosión en un edificio, tras la cual murieron 21 personas , pedirá su excarcelación y la ampliación de la indagatoria.

Hugo Buffarini, abogado defensor del único detenido en la causa que investiga el Juez Correccional 7 de Rosario, Juan Carlos Curto, dijo que hoy pedirá la ampliación indagatoria para precisar “algunos detalles que surgen de declaraciones hechas por los técnicos de Litoral Gas”.

“Si hay tres o cuatro días o desde una semana atrás -del hecho- hubo intervenciones de otros gasistas matriculados y de inspectores de Litoral Gas, evidentemente había anomalías y son con las que se encontró mi defendido…queremos aportar para el esclarecimiento”, dijo Buffarini.

El abogado anticipó que “apelará” ante la Cámara de Rosario el pedido de libertad rechazado en primera instancia por el juez Curto la semana pasada.

“Interpondremos un recurso de apelación ante la Cámara, en primer lugar porque insistimos que por el tipo de delito corresponde la libertad”, consideró el letrado y señaló que “se deben evaluar razones humanitarias porque él es una persona hipertensa y no existe riesgo de fuga”.

Buffarini evaluó que en general “la causa aún no tiene elementos probatorios contundentes“.

ESPERAN EL INFORME DE ENARGAS

Por su parte, el juez Juan Carlos Curto y la fiscal Graciela Argüelles no descartaron realizar “careos” entre algunos empleados de la empresa, porque entienden que en las declaraciones surgen “contradicciones” en lo vinculado a las inspecciones practicadas en el edificio siniestrado el viernes anterior a la tragedia.

Asimismo, Curto señaló a la prensa “que aguarda el informe solicitado al Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas) vinculadas al control de las responsabilidades asumidas por el concesionario en la adjudicación del servicio de distribución”.

Al confirmar, “que el regulador y la válvula que administra el ingreso de gas al edificio son peritadas por los técnicos”, adelantó “que también serán retiradas y peritadas del edificio siniestrado todas las cajas del sistema” y que esa tarea la realizarán, “los peritos expertos de Gendarmería Nacional”.

LA RECONSTRUCCIÓN

La reconstrucción de los inmuebles ubicados en calle Salta al 2100 demandará “por lo menos seis meses” , y por el momento no se fijó la fecha para demoler dos los edificios más afectados (el tercero se derrumbó), según explicó esta mañana el secretario de Hábitat de la provincia, Gustavo Leone.

El funcionario confirmó que se acordó con la Cámara de Construcción que las empresas allí nucleadas comiencen a trabajar lo más rápido posible.

Mientras tanto, las inmobiliarias ofrecerán sus casas y departamentos en alquiler con una baja de los gastos de honorarios.

Fuente: La Nacion
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