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Blog de Arquitectura Legal

Blog de Arquitectura Legal y Peritajes Edilicios.

Categoria Código De Edificación

Derrumbe en una obra: cuatro heridos

Fueron alcanzados por una loza que se desplomó dentro de un barrio cerrado de Ibarlucea. Uno de los trabajadores lesionados estaba grave.

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El derrumbe de una loza en una obra en construcción, dentro de un barrio cerrado de la localidad de Ibarlucea, dejó este jueves el saldo de cuatro trabajadores heridos, uno de ellos grave.

En el lugar se desempeñaban siete obreros al momento del siniestro, señaló el secretario general local de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (Uocra), Sixto Irrazábal, en contacto con el móvil de Radio 2.

De los cuatro lesionados, uno se encontraba en estado más delicado y fue internado en un sanatorio céntrico de Rosario, señaló el gremialista. Los otros tres operarios fueron trasladados a diferentes centros de salud de la ciudad.

Fuente: www.sinmordaza.com
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Derrumbe en un teatro de La Plata: murió un obrero

Un obrero que trabajaba en el lugar falleció al desprenderse un pedazo de mampostería.

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Un obrero de la construcción murió esta mañana al caer de un andamio cuando realizaba trabajos de refacción en el Teatro del Lago, en la ciudad de La Plata.

Fuentes policiales informaron a DyN que el accidente se produjo alrededor de las 9 en uno de los sectores donde cumplía tareas una cuadrilla de obreros para restaurar el histórico teatro.

Tomó intervención la comisaría novena de La Plata, donde seinstruyeron actuaciones por “muerte por accidente”.

Fuente: www.24con.com
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Confitería Del Molino: un clásico en peligro de derrumbe

El histórico edificio de Callao y Rivadavia permanece cerrado desde 1997 y se encuentra muy deteriorado. El proyecto para recuperarlo perderá estado parlamentario si no se trata antes de noviembre.

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Hace casi un siglo, cuando abrió sus puertas allá por julio de 1916, la Confitería del Molino tenía aspiraciones y futuro de grandeza. La adornaban mármoles, vitraux y bronces mandados a hacer especialmente a Italia, contaba con la mejor pastelería de la época, salones para fiestas y hasta su propia fábrica de hielo.

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El café ubicado a metros del Congreso y a pocas cuadras de la calle Corrientes no tardaría en convertirse en un hito porteño que mencionaron escritores como Roberto Arlt o Jorge Luis Borges e hicieron pie Carlos Gardel o Evita. También fue escenario extraoficial de buena parte de la historia política de la Argentina.

Sin embargo, en el mes que cumpliría 98 años, su futuro parece ser incierto y algunos incluso aventuran que avanza hacia una especie de demolición por abandono. Es que desde que en enero de 1997 la histórica confitería bajó sus persianas, en un supuesto cierre por vacaciones, todos los proyectos parlamentarios que proponían restaurar el edificio quedaron cajoneados o se disolvieron en distintas instancias. El último de ellos, que recibió media sanción en el Senado en 2012, perderá estado parlamentario si no se aprueba en Diputados antes de noviembre de este año.

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El filósofo y ex senador Samuel Cabanchik fue uno de los principales impulsores de ese proyecto de expropiación que apunta a que la vieja confitería sea concesionada para financiar con esos ingresos el armado –en el resto de los pisos del edificio– de un anexo del Congreso, en el que funcionarían un museo y un centro cultural. A Cabanchik le resulta curioso que su proyecto haya caído en el olvido, ya que tanto el oficialismo como la oposición habían mostrado interés en que saliera adelante. Incluso, dice a Diario Z, encajaba con el plan de Julián Domínguez, presidente de la Cámara de Diputados, de armar una suerte de “manzana legislativa”, integrando los anexos de la Cámara que existen actualmente.

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El proyecto de Cabanchik coincidió con otro similar que el diputado Roy Cortina (PS) promovía en Diputados. Cuando vio que le habían ganado de mano, Cortina (que presidía la comisión de Cultura) decidió apoyar el de Cabanchik: sin embargo, pasaron casi 20 meses de aquella media sanción en el Senado, el socialista ya no preside la comisión de Cultura en diputados, Cabanchik ya no es senador y la sobrevivencia del proyecto de expropiación ha entrado en cuenta regresiva. “El caso de la Confitería del Molino es raro, no es que no quieran el proyecto en Ciudad o Nación sino que es como si tuviera mala suerte el edificio. Todos tienen intención de hacerlo pero no se hace: o se cae en Cámara o un sector del oficialismo se opone o lo frenan opositores para hacerle la guerra al oficialismo”, comenta a Diario Z.

Esa historia no es nueva. El mismo año en que cerró la confitería ya se presentó un plan para reabrirla, sin éxito. Luego, a fines de 2006, un proyecto de expropiación parecido a los actuales que impulsaba Jorge Coscia se aprobó de forma unánime (172 a 0) en la Cámara de Diputados, pero también se terminó cayendo: según a quien se le pregunte, se dice que fracasó por falta de decisión política o porque los herederos estaban en medio de un conflictivo proceso de sucesión. Entre medio, también se presentaron proyectos semejantes en la Legislatura porteña que fueron quedando en el aire.

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Historia célebre
La vida de la Confitería del Molino ha estado marcada por la del Congreso aún antes de existir como tal. La historia se remonta a principios del siglo XX, cuando los pasteleros de origen italiano Constantino Rossi y Cayetano Brenna tuvieron que mudar su confitería ubicada en las actuales Rivadavia y Rodríguez Peña, cerca de un molino harinero del que había tomado prestado el nombre, debido a la construcción de la Plaza Congreso. La nueva ubicación fue la esquina de Callao y Rivadavia, donde funcionó a partir de 1905, pero con un aspecto muy distinto al actual.

Tras comprar en 1915 los dos edificios vecinos, Brenna decidió emprender una ambiciosa obra: unificarlos en lo que sería una de las construcciones más altas, lujosas e imponentes de la ciudad. El plan era contar con un subsuelo para producir la pastelería, planta baja para confitería, primer piso para los lujosos salones de fiesta y pisos superiores con departamentos de alquiler.
El encargo que le hizo al arquitecto Francisco Gianotti también incluía una condición: la obra debía adaptarse al funcionamiento de la confitería, que no podía cerrar. En los trabajos de refacción fue clave el hermano del arquitecto, Bautista Gianotti, que fabricó y envió desde Italia puertas, ventanas, columnas de mármol, cientos de metros de vitraux, manijas y otros detalles de bronce. “Esta confitería, junto a la Galería Güemes, son por calidad y tamaño los máximos referentes del art noveau en Buenos Aires, pero es además un ejemplo rarísimo en el mundo por su influencia holandesa. La mayoría de los arquitectos de esta movida eran franceses o italianos, como Gianotti, pero para este proyecto él tomó tanto el diseño de la torre como de las aspas de un molino holandés”, cuenta Willy Pastrana, presidente de la Asociación Art Noveau de Buenos Aires.

La Nueva Confitería del Molino se inauguró el 9 de julio de 1916 y rápidamente se convirtió en un emblema porteño. Entre sus exquisiteces figuraban las almendras azucaradas que el poeta Oliverio Girondo comparó con los “dulces ojos” de las muchachas de Flores; el Imperial Ruso, que Brenna creó como homenaje a la desterrada dinastía Romanov después de la revolución de 1917; y también El Leguisamo, un postre que según la leyenda le encargó el propio Carlos Gardel para homenajear a su amigo, el jockey Ireneo Leguisamo, aunque tanto la creación del postre como la anécdota también se la atribuye otra de las grandes confiterías porteñas, Las Violetas.

La historia hizo varias paradas en la Confitería del Molino. La frecuentaron Evita Duarte, Niní Marshall y políticos como Alfredo Palacios, que prácticamente la utilizaba como segunda oficina y lugar de inspiración para escribir sus discursos. En 1930, durante el golpe de Estado contra Yrigoyen, las tropas de Uriburu la incendiaron porque supuestamente les habían disparado desde las ventanas del edificio. Roberto Arlt fue testigo de parte de ese episodio y lo contó en “Donde quemaban las papas”, una de sus aguafuertes porteñas. Allí el escritor de Boedo relata que “de los altos de la confitería del Molino salían pequeñas nubecitas de polvo o humo. No sé”. También Borges y Bioy Casares se refieren varias veces a una barra que se reunía en la confitería en “Más allá del bien y del mal”, relato del libro Nuevos cuentos de Bustos Domecq.

Conducen a nada
Tras la muerte de Brenna a fines de la década del 30, la confitería pasó por varias manos hasta que finalmente fue recuperada por sus nietos, que la manejaron hasta el sorpresivo cierre en 1997. Desde entonces el edificio ha estado abandonado, aunque se sabe que en su interior se alquilan departamentos de manera irregular. “El último relevamiento arquitectónico lo hicimos entre septiembre y octubre de 2013 y, aunque no pudimos acceder al interior, se calcula que al menos parte de los bronces y vitraux ya se vendieron”, cuenta Pastrana, de la Asociación Art Noveau. “La situación en el exterior no es mucho mejor, está muy deteriorado. A mí me resulta increíble, por ejemplo, que aún se mantenga en pie la marquesina de vitraux. Y que por lo menos no se hayan robado los bajorrelieves de bronce.”

Por su ubicación estratégica y su llamativo aspecto, distinto a cualquier otro edificio de la ciudad, la Confitería del Molino siempre ha cosechado amigos y admiradores. Aunque la fotógrafa Paula Acunzo nunca vio la confitería en su esplendor, ni se paseó por sus lujosos salones, conocidos como El Versalles y El Gran Molino, durante toda su infancia escuchó en boca de un tío relatos e historias que transcurrían en la mítica confitería. “Por mi edad, llegue a verlo por dentro sólo en 2005, cuando abrieron uno de los pisos para La Noche de los Museos. Pero él me contaba que tenía un molino de neón y muchas otras cosas”, cuenta. Un día, mientras pasaba por esa esquina abandonada, decidió armar a través de Facebook la “Agrupación para que se restaure la Confitería del Molino”, que desde hace varios años organiza actividades en la esquina de Rivadavia y Callao reclamando la restauración del edificio.

A esa página de internet les han llegado todo tipo de denuncias y rumores: que las estatuas que adornaban el frente fueron a parar a un bar de Belgrano, que en su interior se alquilan habitaciones y se fraccionan estancias a piacere, que los dueños piden precios multimillonarios por el edificio porque al ser patrimonio nacional están exentos de cualquier gasto de impuestos o mantenimiento, etcétera. “La sensación que uno tiene al ver lo que ha pasado es que acá están esperando y que cuando se cae, se cae. Ya está. Es por eso que los únicos proyectos viables pasan por la expropiación”, comenta. En su página de Facebook, los miembros cuelgan imágenes de cómo podría verse la opaca fachada de la confitería en caso de ser restaurada así como otros recuerdos de las épocas de esplendor, desde fotos históricas hasta imágenes de una servilleta con el logo de un molino que alguien guardó durante décadas.

Un funcionario nacional que prefirió no aparecer nombrado en esta nota cuenta que en realidad él cree que actualmente hasta los dueños también están apostando a la expropiación del edificio. Hay una ley de la Ciudad que obliga a mantener la fachada de los edificios antiguos, básicamente porque pueden ser un peligro para la gente que pasa por la vereda, pero “en este caso incluso se les mandó una nota para advertirlos y no pasó nada”, comenta. El problema, señala, es que más allá de la posibilidad de que los legisladores aprueben la expropiación y aparezcan los fondos, lo que falta resolver es lo que vendrá después: cómo mantener y restaurar un edificio que tras década y media de abandono y hermetismo, nadie sabe con certeza en qué estado se encuentra. Una clave para la restauración es recuperar el equipamiento de la confitería, por ejemplo, pero no está claro si todavía se encuentra en su interior o fue vendido irregularmente.

Por ahora, mientras la posibilidad de expropiarlo corre otra vez contrarreloj en el Congreso, el brillo de ese edificio emblemático sólo se puede ver en fotos antiguas, videos con algunas veladas de tango o en un videoclip que Madonna grabó mientras estaba en Buenos Aires filmando la película Evita, justo un año antes del cierre definitivo de la confitería.

El título de la canción que la diva cantaba en uno de sus salones, “El amor ya no vive aquí”, hoy parece casi una ironía.

Fuente: www.diarioz.com.ar
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Polémica por un boliche que estaba clausurado y abrió para un recital

Inspectores porteños lo cerraron en la madrugada del sábado por la caída de mampostería. Pero a la noche los dueños lo reabrieron porque tocaba Kapanga. Intervino la Justicia y hasta se tapiaron las puertas.

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El episodio generó indignación, más que nada porque ocurrió en un boliche, con cientos de jóvenes y porque, otra vez, había serias irregularidades. El Gobierno de la Ciudad dispuso el sábado la clausura administrativa del lugar, a causa de la caída de mampostería que hirió a algunas personas; pero horas más tarde, los dueños del local El Teatro, uno de los más conocidos de Flores, decidieron reabrirlo porque tocaba una banda de rock. Debió intervenir la Justicia porteña, que realizó un allanamiento y hasta dejó tapiadas las puertas de ingreso porque las simples fajas de clausura no habían alcanzado.

El hecho ocurrió durante la madrugada del sábado pasado cuando se desprendió una parte de la mampostería de El Teatro, ubicado en la avenida Rivadavia al 7800, lo que produjo heridas leves a algunos jóvenes que estaban en el lugar.

Alertados por la situación, los inspectores del Gobierno porteño decidieron clausurarlo por peligro de derrumbe y colocaron las fajas de inhabilitación. Pero el mismo sábado por la noche tocaba Kapanga, por lo que los dueños del local decidieron no suspender el show. El fiscal penal, contravencional y de faltas de la Ciudad, Martín Perel, comprobó que había 1.200 personas en el recital y comenzó con los allanamientos. El concierto terminó a las 23 y el boliche fue tapiado y quedó con custodia de la Policía Federal.

En un comunicado de cuatro líneas, las autoridades de la disco minimizaron el hecho al decir que “solamente existió un trámite netamente administrativo” y que “nunca se puso en riesgo la seguridad del público”. En ese sentido, desligaron a Kapanga de responsabilidades. Desde la banda también difundieron un escrito en el que aclararon: “No estábamos al tanto de lo ocurrido”. “De haber sabido de esta situación seguramente hubiésemos suspendido el evento. Estamos tristes, dolidos e indignados frente a lo sucedido y los comentarios en general. Nosotros más que nadie velamos por la integridad y seguridad de nuestro público”, escribieron.

Fuente: La Razon
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Allanan y cierran un boliche en Flores por peligro de derrumbe

Se trata de “El Teatro”, que estaba en funcionamiento pese a que el último sábado fue clausurado luego de que se desprendiera mampostería y varias personas sufrieran heridas leves.

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Un equipo dirigido por el fiscal general Martín Ocampo allanó y cerró el boliche “El Teatro” en el barrio porteño de Flores, clausurado por peligro de derrumbe, pero que sin embargo estaba en funcionamiento.

En la madrugada del último sábado, un desprendimiento de mampostería había caído sobre algunas personas en el boliche “El Teatro”, ocasionando heridas leves en el público asistente.

El Gobierno de la Ciudad dispuso la clausura administrativa del boliche ubicado en Rivadavia al 7800. Pero horas más tarde, esta clausura fue violada por los dueños del lugar permitiendo la realización de un recital del grupo Kapanga.

Entonces el fiscal de turno Martín Perel se dirigió al lugar y constató que efectivamente se había violado la clausura y que el grupo musical Kapanga se estaba presentando en ese mismo instante ante un auditorio de más de 1200 personas.

La Fiscalía de la Ciudad, a cargo de Martín Ocampo, dispuso restablecer la clausura del Gobierno de la Ciudad y disponer que personal de la Policía Federal secuestrara pruebas y que permaneciera en la puerta del lugar con el objeto de impedir el ingreso de nuevos asistentes.

Asimismo, se dispuso que se tapiara la entrada del boliche para evitar nuevas violaciones de la clausura. “Se realizó un trabajo exhaustivo –concluyó por su parte el Fiscal Martín Lapadú-, desde el allanamiento, el secuestro de los equipos de música hasta la construcción de una empalizada de madera que evitara nuevas violaciones”.

Fuente: www.minutouno.com
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A cuatro años del derrumbe en Villa Urquiza, familiares de las víctimas aseguran que la causa está frenada

A cuatro años de producirse el derrumbe del gimnasio Orión en el barrio porteño de Villa Urquiza, familiares y allegados de las víctimas reclamaron justicia y aseguraron que la causa está frenada desde hace más de tres años.

Las familias de Maximiliano Salgado, de 18 años, Luis Lu, de 23 y Guillermo Fede, de 37, se reunieron este sábado para colocar una baldosa recordatoria con los nombres de las tres víctimas en el lugar que funcionaba el gimnasio y pedir que la causa judicial avance para que los verdaderos responsables paguen por la tragedia.

“La causa está frenada desde hace tres años y medio. La Justicia sólo se movió los primeros seis meses y después no hizo nada más. La defensa pidió peritajes adicionales, pero son todas maniobras dilatorias para evitar el juicio”, dijo a NA Hernán Fede, hermano de Guillermo, una de las víctimas que colocó la baldosa en homenaje a su hermano.

“Para nosotros el Gobierno de la Ciudad es el responsable de controlar las obras, pero no lo hicieron y pasó lo que pasó. Hoy no hay nadie procesado en la causa y los imputados no hacen más que pedir los peritajes para que la causa no avance”, agregó Fede.

Los imputados en la causa son Daniel Menta, titular de la empresa constructora; el ingeniero Guillermo Heyaca Varela, encargado de la obra; y Luis Pataro, dueño de la empresa de excavaciones.

Tanto Menta como Heyaca Varela pagaron una fianza de 10 mil pesos para salir de prisión al poco tiempo de ocurrido el derrumbe.

Desde el inicio de la causa que provocó la muerte de tres personas y dejó heridas a otras 11, la denuncia quedó radicada en el Juzgado en lo Criminal de Instrucción Nº45, a cargo de la jueza Ana Fontbona de Pombo.

“Los familiares ratificaron la necesidad de obtener justicia ya que contaron que la causa está frenada”, dijo Eduardo Jozami, director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, que estuvo presente en el acto organizado por familiares y vecinos del barrio. Jozami destacó que desde el Centro Cultural apoyaron la iniciativa de los organizadores de colocar la baldosa recordatoria frente al lugar en el que funcionaba el gimnasio.

“Nosotros como Centro Cultural de la Memoria acompañamos la idea de colocar una baldosa por la memoria de las víctimas que forman parte de la memoria de la ciudad”, sostuvo Jozami.

Por su parte, Patricia Izraelewicz, madre de Maximiliano, dijo en varias oportunidades que el derrumbe fue “un pequeño Cromañón”, y culpó al Gobierno porteño como el principal responsable por las supuestas irregularidades a la hora de controlar la obra.

El acto homenaje se llevó a cabo en la intersección de las calles Mendoza y Avenida Triunvirato, en donde además se proyectó el cortometraje “El derrumbe de Villa Urquiza” premiado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Aaudiovisuales (INCAA).

La convocatoria se realizó con “la convicción de que la seguridad es el libre goce de los derechos de todos y que es una obligación del Estado y obra de todos, derecho que entendemos que forma parte del derecho colectivo a la ciudad”.

El derrumbe del gimnasio ocurrió el 9 de agosto de 2010 por la tarde a raíz de las excavaciones realizadas en una obra lindera al gimnasio Orión, que estaba ubicado en Mendoza 5030, del barrio de Villa Urquiza.

El gimnasio que contaba con dos plantas estaba arriba de dos locales de ropa y se derrumbó porque tenía problemas en la medianera y se vino abajo por las rajaduras que le produjo la excavación que se estaba haciendo en el terreno de al lado.

A pesar de que el Gobierno de la Ciudad aseguró en un primer momento que la obra estaba en regla, la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA) denunció que tenía varios problemas estructurales.

Días después del derrumbe se confirmaron las fallas que presentaba la excavación que lo provocó, razón por la que el jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri despidió el día posterior a la tragedia a Oscar Ríos, que era el titular de la Agencia Gubernamental de Control.

El día del hecho los rescatistas buscaron por más de tres horas a las personas heridas, algunas pudieron salir por su cuenta y otras ayudaron a encontrar entre los escombros a las víctimas fatales.

Fuente: Terra
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Susto por caída de mampostería en una casa de 5 y 51

Personal de Defensa Civil La Plata y de Control Urbano municipal acudió a la calle 5 entre 51 y 53, frente a la casa de Gobierno, donde una antigua propiedad, que está abandonada, sufrió el desprendimiento de mampostería.

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Como consecuencia del accidente, gran parte de su estructura corre serio riesgo de derrumbe.

A modo de prevención, los agentes comunales vallaron el sector y así se evita que la gente circule por el lugar. Asimismo, se labró un acta en la que se intima al dueño de la propiedad a que repare los daños.

Fuente: www.eldia.com.ar
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Se cumplen cuatro años del derrumbe de Villa Urquiza

Este sábado desde las 18 se realizará un acto para conmemorar a las tres víctimas fatales por hecho ocurrido en 2010.

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Este sábado 9 de agosto se cumplen 4 años del derrumbe del gimnasio “Orión” en Villa Urquiza, que causó la muerte de Maximiliano Salgado, de 18 años, Luis Lu, de 23 años y Guillermo Fede, de 37.

Los familiares de las tres víctimas fatales junto a la Mesa Barrial de Participación Comunitaria en Seguridad de Villa Urquiza -Villa Pueyrredón, realizarán un acto en memoria de los fallecidos que se realizará desde las 18 en la calle Mendoza al 5000, entre Avenida Triunvirato y Ávalos, donde funcionaba “Orión Gym”.

En el acto se estrenará el corto “El derrumbe de Urquiza”, premiado por el INCAA y se colocará una baldosa en homenaje a las tres víctimas. Además, participarán Eduardo Jozami, director del Centro Cultural de la Memoria “Haroldo Conti”, y Liliana Mazure, Diputada Nacional y ex Presidente del INCAA.

El derrumbe se produjo el 9 de agosto de 2010 producto de las excavaciones que se realizaban en una obra lindera al gimnasio. A raíz del hecho, Maximiliano Salgado, Luis Lu, y Guillermo Fede, perdieron la vida.

Fuente: Pagina 12
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Cuatro años sin justicia

Un acto, una película y una baldosa marcan el baldío en la avenida Mendoza, donde en 2010 una obra mal apuntalada socavó el gimnasio. Los tres acusados por las muertes siguen impunes, en una causa paralizada.

Pasaron los años pero la cuadra de Mendoza al 5000, en Villa Urquiza, parece detenida en el tiempo. Donde solía estar el gimnasio Orion Gym, desde hace cuatro años se abre un terreno baldío que deja a la imaginación reconstruir la tragedia. Los vecinos también mantienen la memoria intacta y dicen sentir el mismo dolor y la misma injusticia que el 9 de agosto de 2010. Ese día, el edificio se derrumbó y le quitó la vida a Guillermo Fede, de 37 años, Luis Lu, de 23, y Maximiliano Salgado, de 18. Ayer se cumplió el cuarto aniversario y en homenaje se realizó una ceremonia en la que se colocó una baldosa que recuerda a las víctimas y se estrenó un corto que reflexiona sobre el tema.

“Es una forma de homenajear a Maximiliano, Luis y Guillermo, pero también de reclamar por que se juzgue a los responsables”, aseguró a Página/12 Patricia Izraelewicz, madre de Maximiliano. En la tarde de ayer, decenas de vecinos se reunieron en Mendoza 5042, dirección donde se encontraba el gimnasio que, a las 16.20 de aquel 9 de agosto, se desmoronó y mató a tres de sus clientes y dejó a otros once heridos.

Izraelewicz sostuvo que “esto es muy movilizante. Tengo sentimientos encontrados. Por un lado, la felicidad y el orgullo del valor humano de estos vecinos que vinieron a la movilización. Por otra parte, siento bronca por tener que decirles que no podemos avanzar con el juicio”.

En la causa que se abrió por la tragedia, los peritajes indicaron que el gimnasio se derrumbó como consecuencia de un mal apuntalamiento de una obra en construcción que se levantaba al lado. Los acusados como responsables son Guillermo Heyaca Varela, el ingeniero a cargo de la obra; José Pataro, dueño de una máquina excavadora utilizada en aquel momento; y Daniel Menta, titular de la empresa constructora.

“La causa sigue como estaba hace cuatro años, con la posibilidad de que prescriba. Está trabada por el tema de los peritajes: se hicieron, pero los abogados de los acusados están pidiendo nuevas investigaciones porque no están de acuerdo con el resultado. Es una estrategia para estirarla lo más que puedan”, señaló Izraelewicz.

En este sentido, comentó que “el gimnasio estaba en perfectas condiciones. Tenía unas filtraciones que yo misma conocía porque me lo comentó Maximiliano en su momento, pero que estaban arregladas y que nunca podrían haber derrumbado el edificio. Se vino abajo por un mal apuntalamiento, que se hizo con una máquina que excavó a más profundidad una tierra que se encontraba mojada por las lluvias de los días anteriores. Además, este trabajo requiere un mes pero lo hicieron apurados en una hora”.

En el marco del homenaje, se colocó una baldosa de cara al lugar donde se encontraba el gimnasio, que recuerda a las víctimas y fue realizada por los mismos familiares y vecinos del barrio. Además, se proyectó El derrumbe de Villa Urquiza, un corto que resultó ganador del concurso “Un barrio de película”, organizado por el Incaa el año pasado, que da cuenta y problematiza el derrumbe.

Sobre un escenario que se improvisó sobre la calle, Izraelewicz, Marta Wang, la madre de Luis, y Hernán Fede, hermano de Guillermo, pronunciaron algunas palabras y coincidieron en que se haga justicia y se castigue a los responsables. “Nuestro deseo es que se destrabe el peritaje. Todos sabemos que los responsables de la obra no cumplieron con las reglamentaciones. Esperamos que la muerte y el sufrimiento de las familias no sea en vano”, sostuvo el hermano de Guillermo.

Por su parte, Wang remarcó que “el juzgado no nos da una explicación después de cuatro años. Exigimos que haya más seguridad para que no ocurran más tragedias como éstas”. También formaron parte de la ceremonia Eduardo Jozami, director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, y Liliana Mazure, diputada nacional y ex presidenta del Incaa.

“Estas baldosas de la memoria son parte de una construcción colectiva que pueden calmar este dolor y conservar el calor de los chicos”, indicó Mazure. En la misma línea, Jozami reflexionó que “las baldosas son un paso modesto, que no subestimaría porque cada vez que una persona pase va a recordar a los muchachos y lo que les ocurrió”.

Fede comentó a este diario que “siempre esta fecha es muy dolorosa para nosotros. Estamos esperando que se haga justicia y los responsables paguen. Hace cuatro años que estuvimos golpeando puertas, movilizándonos a la Legislatura, al Congreso, pero no tuvimos ningún resultado. Esperamos que en el homenaje del año próximo podamos reunirnos con buenas noticias”.

“El valor humano de los vecinos tiene mayor relevancia que las fallas de la causa. Las baldosas tienen la intención de recordar a los chicos. Que el vecino que no sabe qué pasó se entere. Lo más importante es que esta tragedia no pase al olvido”, agregó Izraelewicz.

Fuente: Pagina 12
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Mi hijo murió por la corrupción y la negligencia: pido justicia

A un año del derrumbe que dejó 22 muertos en Rosario Santiago estaba estudiando cuando un escape de gas voló su edificio. Quería ser médico.

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Claudia Vaio abraza con fuerza el cartel que lleva entre sus manos. Mientras habla, mientras recuerda aquella mañana fatídica, acaricia la foto de su hijo con una ternura que emociona. Ese acto reflejo le permite contar su sufrimiento sin derramar ni una sola lágrima. Le prometió a Santiago que se iba a mantener entera hasta que se haga justicia por su muerte. Su “gordo”, como lo llamaba, no logró salir con vida de la explosión de calle Salta 2141. La peor tragedia de la historia de Rosario lo encontró estudiando en su departamento. “Duele mucho porque estamos hablando de muertes que se pudieron haber evitado.

Mi hijo no iba borracho al volante, no murió de una sobredosis. Estaba estudiando cuando un escape de gas voló su edificio ”, maldice Claudia al cumplirse el primer aniversario de la tragedia.

La estrella de Santiago Laguía es una de las 22 que decoran el paredón de hormigón que se levantó para tapar el terreno donde estaban ubicadas las tres torres que se transformaron en escombros la mañana del 6 de agosto de 2013. Santiago (25 años) estaba estudiando ginecología, una de las tres materias que le faltaban para recibirse de médico, cuando advirtió que el olor a gas era una verdadera trampa mortal. A las corridas, se metió en el ascensor junto a Luisina, su vecina del 8º piso. La puerta se cerró y nunca se abrió. La explosión derribó el edificio en segundos. Sus cuerpos fueron los últimos en ser encontrados.

Estaban abrazados en el hueco del elevador.

Claudia estaba en su casa de Pergamino cuando se enteró de la noticia. “En el momento que prendí el televisor mi vida se desmoronó por completo”, recuerda. Durante siete días mantuvo las esperanzas de encontrar a su hijo con vida. Se aferró al testimonio de un rescatista que dijo haberlo sacado sano y salvo y al informe de una empresa telefónica que señalaba que el celular de Santiago se había activado horas después de la explosión. En esos días, recibió decenas de llamadas anónimas de gente que aseguraba haber visto a su hijo deambulando por las calles de Rosario.

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“Fue un dolor extra, insoportable”, señala. Para Claudia, la justicia se sacó “un ladrillo caliente de encima” con una resolución a la que le faltan “muchos responsables”. “Santiago murió por la corrupción, la negligencia y la impericia de muchos eslabones que confluyeron en esta tragedia. No voy a parar hasta verlos a todos presos”, afirma sin dejar de acariciar la pancarta entre sus brazos.

Andrés Actis y Mauro Aguilar,
desde Rosario

Fuente: Clarin
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