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Blog de Arquitectura Legal

Blog de Arquitectura Legal y Peritajes Edilicios.

Categoria Medianeras

A fin de mes estarán peritajes de la tragedia de la Cooperativa

Los fiscales de la causa por el derrumbe del supermercado se reunieron con familiares de las víctimas. Dijeron que a fin de octubre estarán los resultados de una pericia clave para el esclarecimiento de la causa, que permitirá la elevación a juicio.

Los fiscales Marcelo Jara y Pablo Vignaroli se reunieron esta mañana con familiares de las víctimas del derrumbe de la Cooperativa Obrera, ocurrido el 25 de octubre de 2012 en la ciudad de Neuquén, donde adelantaron que a fines de octubre estarán los resultados de la pericia ordenada por la Justicia para establecer las causas del derrumbe.

De acuerdo a la información brindada por los profesionales de facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo), que se encuentran realizando los peritajes por el derrumbe del edificio, los funcionarios judiciales anunciaron la fecha de finalización de las pericias.

Es una pericia clave para avanzar en la investigación de la causa que fue desdoblada en dos partes. Por un lado, la denominada Cooperativa Uno, que investiga las responsabilidades penales del dueño del inmueble y de las personas que dirigieron la obra de construcción, y por el otro la denominada Cooperativa Dos, que investiga las responsabilidades penales por omisión en los deberes de control y cuidado.

En este sentido, el fiscal Jara planteó que “con los resultados de esta pericia ya vamos a poder hacer el pedido de elevación a juicio de la causa de la Cooperativa Uno”, y agregó que “la intención del Ministerio Público Fiscal es formular este planteo en diciembre próximo”.

Con respecto a la causa Cooperativa Dos, el fiscal Jara indicó que “en estos últimos días hemos seguido tomando declaraciones testimoniales a funcionarios y directivos de la empresa; además tenemos previstas medidas para los próximos días”.

De la reunión participaron Beatriz Farías, Enrique Guerrero, Víctor Lago, Inés Quinteros, Carolina Ferrari y Mariana Aguilar, todos familiares de víctimas del derrumbe, quienes estuvieron acompañados por Gustavo Lucero, uno de los abogados querellantes.

Fuente: www.lmneuquen.com.ar
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Acusan a funcionarios porteños por el derrumbe en Ortúzar

El inspector del Trabajo y delegado de la junta interna gremial, Edgardo Castro, acusó al Gobierno de la Ciudad por la falta de controles en obras y la existencia de “zonas liberadas”.

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El inspector del Trabajo de la Ciudad y miembro de la junta interna gremial de la Subsecretaría de Trabajo, Edgardo Castro, denunció a los “funcionarios del gobierno macrista” como responsables de la muerte de un obrero en un derrumbe en Villa Ortúzar.

“El 1 de agosto, día de la denuncia de la UOCRA, se desmanteló la Inspección del trabajo, recién el 2 de septiembre se retomaron las tareas. Si durante esta fecha se realizó alguna inspección en la obra la misma no tendría validez jurídica y conforme al contenido denunciado la obra debería estar clausurada“, explicó Castro, a la vez que denunció “zonas liberadas”.

Durante la tarde del jueves, un joven obrero de 25 años murió y otro resultó herido con politraumatismos al ceder parte de una obra en construcción en la avenida Triunvirato y la calle Estomba, Villa Ortúzar.

Castro, por su parte, cuestionó la validez del acta que permitía el funcionamiento de la obra y acusó: “Los funcionarios de la Agencia Gubernamental de Control y la Subsecretaria de Trabajo deben ser procesados por la justicia de una vez por todas”.

Fuente: www.minutouno.com
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Cómo será el proceso manual de demolición del edificio de Salta 2141

La estructura se desmantelará de arriba hacia abajo. Trabajarán 30 operarios, se comenzará por una casa lindera y un pasillo para luego poder llegar a los laterales de las torres.

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Tras el anuncio del gobernador Antonio Bonfatti de la firma del contrato para la demolición de las estructuras colapsadas en Salta 2141 previsto para este lunes o martes, La Capital confirmó que la empresa rosarina Milicic será la encargada de realizar la tarea de retiro de hormigón, vigas, columnas y material de cada una de viviendas dañadas por la explosión del 6 de agosto. La compañía se apresta a comenzar sus trabajos dentro de unos 10 días con un sistema manual y artesanal, la utilización de lingas, un encofrado hecho por andamios con mediasombras, el uso de grúas-torre, plataformas telescópicas y retroexcavadoras mordaza y martillo.
Se pondrá tanto acento en el retiro cuidadoso de los elementos que quedan en los departamentos, que habrá una carpa con boxes donde los propietarios podrán encontrar sus bienes rotulados (ver recuadro).

Las tareas comenzarán por una casa de planta baja y dos pisos lindera a Salta 2141, continuarán con unas unidades de pasillo y, una vez despejado este corredor, se colocará maquinaria más pesada para avanzar sobre la torre uno (que da a la calle Salta) para luego seguir por la torre tres.

Serán cuatro meses de labor minuciosa, con jornadas de trabajos en la que participará un equipo de 30 personas que se destacarán en un obrador ubicado sobre un terreno baldío que está casi enfrente del edificio siniestrado. Una vez que se retire todo el material y se limpie la zona, la provincia deberá definir si rellena los subsuelos y deja todo el lote a nivel de la vereda.

La gerente de servicios corporativos de Milicic, María de los Angeles Milicic, y el jefe de obra de la demolición, Lucas Yanantuoni, brindaron detalles a LaCapital de cómo será el proceso de demolición, que no utilizará explosivos ni impactos con peras para golpear las estructuras.

“Seguramente empezaremos por las casas del costado, que están linderas a Salta 2141 hacia Balcarce. Primero habría que derrumbar una casa al frente de planta baja y dos pisos, accediendo a un pasillo hay tres departamentos más, y posteriormente una fila de viviendas de las cuales la segunda será intervenida por el estado en que ha quedado”, describió Yanantuoni.

Esta primera etapa del proceso será manual y habrá que trabajar con cuidado por el estado de la mampostería, techos y losas.

Luego se avanzará en la torre uno y en la tres con el retiro de elementos que han quedado colgando peligrosamente.

Marcos.En los edificios propiamente dichos se armarán marcos hechos de andamios y escaleras con mediasombra para mitigar el polvo. Se trata de un sistema que lleva por dentro una escalera. No podrá instalarse en todas las caras de las torres. En el caso de la torre uno, no hay lugar al frente y contrafrente, por lo que se trabajará más desde los costados.

Una parte de la demolición consistirá en cortar las losas de hormigón, que se apuntalarán con la grúa-torre para descenderlas y recién después demolerlas. Lo mismo con las vigas y columnas. Se aplicará un sistema artesanal, más laborioso y caro que la implosión.

Desfile de camiones. El volumen de escombros que estima Milicic se generará al demoler la estructura de hormigón en pie que incluye a las dos torres colapsadas con sus columnas, vigas y losas, está en el orden de los 735 metros cúbicos. A esta cantidad hay que agregarle el resultado de la demolición de las mamposterías, contrapisos y revestimientos. Si un camión traslada unos 9 metros cúbicos de escombros, se calcula que sólo para los edificios se necesitarán más de 80 camiones.

“Se irán colocando torretas (conformadas por cuatro puntales) en cada uno de los pisos hasta el noveno para la torre uno y el décimo para la torre tres. Se realizará la demolición desde la parte superior a la inferior, de modo que cuando se vayan liberando las torretas se van bajando. Las columnas, losas y columnas se sacarán con la grúa. El material fino, como la mampostería y contrapisos que se pueden romper manualmente o con martillos neumáticos se trasladará por un conducto vertical o en montacargas hacia abajo“, explicó Yanantuoni.

Fuente: www.agenciafe.com
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Van a coincidir la reconstrucción de los edificios con la etapa de demolición

El secretario de Gobierno municipal Fernando Asegurado destacó el “fuerte consenso político” que hubo en la ciudad a raíz de la tragedia de Salta 2141.

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A poco de cumplirse un mes de la explosión en el edificio de Salta 2141, que dejó el trágico saldo de 21 personas fallecidas, el secretario de Gobierno del municipio dio detalles de cómo continuarán las tareas de demolición de las torres que quedaron en pie. Trabajos que coincidirán con la reparación de viviendas linderas que se vieron afectadas por el siniestro.

El funcionario destacó que el sábado unas 42 familias que habitan el uno de los edificios de la esquina de Salta y Balcarce pudieron regresar a sus viviendas, “porque el edificio producto de la reconstrucción era el menos dañado”.

Están con todos los servicios menos el gas que en esa zona todavía no ha sido recuperado. La idea es aproximadamente en unos quince días poder avanzar en otro de los edificios que está sobre calle Balcarce, que tiene daños más importantes en ascensores y en espacios comunes“, apuntó el secretario de Gobierno de la Municipalidad a “Los días contados” de Canal 5.

Destacó que ya está definido claramente “qué es lo que hay que demoler”, producto de los informes técnicos de las secretarías de Obras Particulares y Obras Públicas del municipio. Y que la provincia está tomando la propuesta de tres empresas -una de ellas de la ciudad- para hacerse cargo del proceso de demolición. “Siempre teniendo en cuenta que se descarta el tema de la implosión para no volver a sufrir otro impacto”, aclaró.

Asegurado estimó que el proceso de demolición “va a llevar tres meses y comienza en aproximadamente unos 15 días”, tras lo cual quedarán liberados tres terrenos: el que contenía a las tres torres de Salta 2141, y dos linderos hacia calle Balcarce “donde había una serie de propiedades que realmente sufrieron daños estructurales que no permiten la recuperación“.

Mientras tanto continúan las empresas en la tarea de reconstrucción que va a llevar el tiempo de la demolición“, señaló el funcionario, por lo que “van a coincidir la reconstrucción de los edificios con por lo menos un avance importante en la etapa de demolición“.

Consenso. Asegurado dijo también que “ojalá podamos mantener ese espíritu que ha atravesado a la ciudad durante todo este mes de un fuerte consenso político”, junto con “la respuesta y presencia del Estado”.

Fuente: La Capital
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Comunicado de Prensa: Villa Roccatagliata; La Justicia ordena frenar la construcción de una torre

La Justicia ordenó, mediante una medida pre-cautelar, detener el comienzo de la construcción de una torre de 30 pisos en el terreno de la “Villa Roccatagliata” y y todo trámite inherente a dicha parcela por parte del GCBA, , una mansión emblemática del barrio de Coghlan ubicada en Av. Ricardo Balbín 2603 (esquina Franklin Roosvelt).

La medida se conoció el pasado 30de agosto y surge del recurso de amparo presentado a la Justicia por un grupo de vecinos de la mansión, juntamente con la organización Basta de Demoler y ACAEC (ASOCIACIÓN CIVIL AMIGOS DE LA ESTACIÓN COGHLAN). Todos ellos patrocinados por la Dra. Cecilia Gonzalez de los Santos, Defensora Pública Oficial a cargo de la Defensoría Nº 4 de la Defensoría General, Poder Judicial de la Ciudad de Buenos Aires.

La casona fue construida alrededor del año 1900; de estilo italianizante, está en avanzado proceso de catalogación por parte de la Legislatura. Si bien la obra no incluye la demolición de la casa, la misma será flanqueada a escasos metros por una monumental por una torre de 2 cuerpos de 13 y de 27 pisos respectivamente, con un impacto que alterará el entorno de la “villa” y del barrio.

Villa Roccatagliatta

Según los fundamentos presentados por los amparistas, el GCABA estaría analizando conceder un permiso de construcción que no se ajusta a las disposiciones que establece el Código de Planeamiento para esa parcela, y otorga privilegios excepcionales en desmedro de la calidad ambiental de la zona y particularmente de la edificación protegida.

La medida judicial establece “ordenar al GCBA, como medida precautelar, que suspenda, en forma inmediata y urgente, las obras -en caso de haber comenzado con la ejecución de las mismas- quedando a su cargo la comunicación al eventual ejecutante de estas o , en su caso, se abstenga de realizar y/o autorizar cualquier acción que pueda afectar y modificar el predio identificado como Villa Roccatagliata ubicado en Av. Ricardo Balbín 2603, esquina Franklin Roosvelt, hasta tanto se resuelva la medida cautelar solicitada en autos.

Adhesiones

Asimismo, dado el interés manifestado por diversas personas en sumarse a esta acción como “adherentes” al amparo, se dispone de una planilla para que se puedan sumar a través de la presentación del Nombre y apellido y número de DNI a la casilla: bastadedemoler@yahoo.com.ar

Fuente: Basta de Demoler
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Vivir incómodo: el infierno de dormir entre ruidos, temblores y carteles luminosos

Historias de personas asediadas por un vecino invasor e insufrible; las estrategias para sobrevivir mientras la Justicia mira para otro lado

Vivir pegado a una autopistasentir el temblor de la casa por el paso del trenescuchar los llantos de la sala velatoria de al ladoconvivir con un taller de motos. La lista de lugares incómodos para vivir podría seguir en una parrafada interminable.

Gloria, Camila y Mariana traen como ejemplos sus pequeños infiernos cotidianos. A Gloria le instalaron frente a su casa un cartel luminoso que funciona como un televisor gigante que no se apaga nunca. Camila vive entre una estación de bomberos y una central de policía; las sirenas, que se encienden hasta cinco veces por día, la obligan a pausar su vida mientras el terror lo ocupa todoMariana, que compró su casa en una zona tranquila de Palermo a fines de los 90, hoy padece la música de multitud de bares, las parvas de basura de restaurantes, los desechos de borrachos y la imprudencia de automovilistas que estacionan frente a su garaje y la dejan presa en su casa durante horas.

EL CARTEL LUMINOSO DE GLORIA

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Gloria Slemenson compró la casa donde vive, en la avenida Federico Lacroze 3472, en el barrio de Colegiales, en 2006. Estilo antiguo, tres ventanales alargados, altísimos en el frente. El sol de primera hora de la tarde, justo sobre el sofá donde dormiría su siesta. Así lo hizo durante seis años. Su vida cambió cuando el teatro que había frente a su casa se convirtió en la radio Vorterix y se instaló un cartel luminoso que ocupa todo su frente y se refleja con sus luces de colores hasta en el último rincón de su hogar, hasta entonces, apacible.

“Nos pusieron esta especie de televisor que no se apaga nunca y que pasa las mismas publicidades continuamente y no nos permite decidir cuánta luz queremos tener, si queremos estar a oscuras. Es un constante movimiento, un estímulo que no para de molestarte los ojos”, dice Gloria, y su voz es una mezcla de queja y bronca. Ella lo llama impotencia. También dice que es un odio el que le genera a veces. “Quilmes, Pepsi, Movistar, Samsung y Sion. Hace poco agregaron una de Halls”, recita de memoria el listado de publicidades. “Después las caras de ellos, los de la radio; tengo ganas de tirarles con dardos”, se sincera.

La rutina de la familia, que también integran sus dos hijas adolescentes, cambió con este artefacto inmenso que parpadea incansable. “Si querés ver televisión en el living tenés que cerrar las persianas, si querés leer tranquila o usar la computadora, también. Es todo un preparativo cada vez”, dice Milena, una de las hijas, instalada en la sala de estar, el lugar donde “ya no se puede estar”. Irrita, estresa estar en ese pseudo boliche bailable.

Es de noche, el momento en que el cartel no tiene nada que envidiarle al que aparece en el capítulo del negocio de pollos en la serie Seinfeld. Mientras madre e hija hablan de espaldas a los ventanales sus caras se vuelven rojas, blancas, rojas otra vez. En los cuadros también rebota la luz del armatoste. Cuentan que el espacio central de la casa ahora se usa menos. A veces, prefieren comer en la cocina para no recibir de lleno el impacto del “nuevo integrante de la familia”, como le dicen. En la cocina no se escapan por completo, sólo se reduce el efecto. En la ventana que da al patio, ya no se ve el jardín: también se dibuja el cartel. Publicidades, recitales, las caras de los locutores tamaño gigante.

“Cuando hice una reunión por mi cumpleaños, las primeras dos horas toda la gente estaba hablando del cartel, porque es el nuevo protagonista de la casa. Es una invasión total”, se lamenta Gloria, que es arquitecta y cuenta lo mucho que le costó conseguir una casa que le gustara. Su casa le encanta, a no ser, claro, por el detalle del cartel. “Cuando mi otra hija festejó su cumpleaños los amigos le decían: ‘Qué linda tu casa, lástima el cartel’, lo dice con pena. Se toma la cabeza. Estar un rato en su casa produce dolor de cabeza.

Recuerda que cuando eligió vivir en esta casona dedicó tiempo a la iluminación. Dicroicas en ambos extremos de la biblioteca; lámparas focalizadas sobre los cuadros, la luz principal más potente, una más tenue en la zona del sillón. Todo quedó anulado. Aún cuando todas las luces de la casa de Gloria estén apagadas, parece que el televisor no cesara nunca.

“Para no tener el parpadeo tendríamos que vivir con las persianas cerradas, herméticas y además colgar frazadas negras para que no se filtre. Y la realidad es que a mí me gusta vivir con las persianas abiertas y me gusta ver la calle y me gusta el barrio y el edificio donde está el cartel, que es un edificio antiguo que tenía un frente que estaba bien. Y me molesta esta situación: que de golpe y porrazo estemos destinados a soportar esto porque alguien decidió hacer un negocio y no hace otra cosa que pasar publicidades que genera ingresos a su empresa y no genera nada que valga la pena”, protesta, se enoja cada vez más. Hace un año y el enojo no pasa.

Agotó varias instancias de diálogo: intentó que la atendieran en el edificio de enfrente, trató de conversar con vecinos -como no les da de lleno el cartel, dijeron que en sus departamentos viven como si todas las noches hubiera relámpagos-, hizo al menos siete denuncias en el CGP de su barrio, en el gobierno porteño, una presentación en la Defensoría del Pueblo de la Ciudad, participó de una mediación, pero no tuvo suerte. “Ahí está”, dice, señala hacia la luz roja, blanca, roja otra vez.

Gloria pensó en mudarse, pero no le parece justo. “Me gusta mucho mi casa. Me da bronca que me la arruinen”, dice. “¡Esa propaganda es la peor!”, interrumpe Milena. El cartel es la atención de las miradas. “Cartel luminoso, es una trampa, es una publicidad de Sion”, lee en voz alta. “Parece una cargada”.

CAMILA Y LOS RUIDOS MOLESTOS

Cuando Camila alquiló un departamento en un noveno piso de la calle Camargo 673, en el barrio de Villa Crespo, no prestó atención a sus vecinos. De un lado, un cuartel de bomberos, del otro, una sede de la policía federal, en el contrafrente un colegio, con jardín de infantes incluido. Las tres veces que fue a verlo no vio autobombas, ni patrulleros, ni chicos. Ningún sonido extraño que la alertara.

Pero esa primera noche en su nueva casa, cuando todavía tenía la mayoría de sus cosas en cajas, empezó a sonar una sirena que la paralizó. “Estaba cenando tranquila después de un día de ir y venir con cosas cuando arrancó una alarma muy fuerte, muy chillona. Me cuesta describirla“, dice. “Me asusté, no sabía qué pasaba. Parecía que sonaba adentro de mi casa“, cuenta a LA NACION ahora, casi un año después del episodio imborrable.

Se asomó al balcón de su pequeño departamento y los vio. “Los bomberos se movían rápido, con gracia; cada uno parecía saber qué hacer. Algunos se iban poniendo sus trajes por el camino. Deben haber sido pocos minutos pero para mí, fueron eternos”, dice. Ella los miraba. No podía hacer otra cosa más que quedarse ahí esperando que el autobomba se llevara ese agudo total. Esa noche no ocurrió, pero a veces se unen los patrulleros de la comisaría. Camila ahora ya sabe eso y sabe también que la sirena de los bomberos puede sonar hasta cinco veces por día.

“Mientras suena es una invasión total, olvidate de hacer nada”, dice. La vida se pone en pausa. Si Camila estaba cocinando, tiene que dejar de hacerlo. Si escuchaba música, debe apagarla. Si hablaba por teléfono, se ve obligada a cortar. Si miraba una película, pone stop. Si dormía, se desvela. Incluso en la pileta de la terraza se paralizan todos.

“A la gente que me conoce no le digo de este problema. A veces tengo visitas y si se lo encuentran, se lo encuentran. ¿Qué pasa?, me dicen. Todos se quedan paralizados, no entienden nada”, cuenta. En sus caras revive sus primeras veces. “Se nota que el sonido los altera”.

Con la policía es menos grave, admite. Los escucha menos porque están en el contrafrente. “La sirena de la policía se suma cuando hay algo muy importante y entonces sí salen varios patrulleros juntos. Ahí se escuchan”. Nada comparable con la sirena de los ágiles hombres de mamelucos y cascos.

Su primera mañana en el nuevo hogar también fue memorable. Se despertó cerca de las nueve cuando sonó el primer timbre del recreo. Desde la ventana de su cuarto subían los gritos de los chicos que corrían por el patio, cantaban, jugaban. “A la mañana me despiertan ellos sí o sí; quiera o no son mi despertador”, dice. Camila cuenta que hay días en que le resulta alegre mirarlos divertirse y se los queda mirando, aún somnolienta. “Otras veces me dan ganas de que se callen y dejen de gritar. Porque tienen cantitos grupales, también a veces se cargan entre sí a los gritos”, explica.

Un universo nuevo de voces agudas. Nada comparable con la sirena de los ágiles hombres de mamelucos y cascos.

MARIANA Y EL CAOS DE VIVIR EN PALERMO HOLLYWOOD

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Esa noche a mitad de semana, cerca de las once, Mariana se pasó un buen rato estacionada frente a la casa de Honduras, en el barrio de Palermo, que luego se decidió a comprar. No se veía un alma por la calle, tanto que pensó que la tranquilidad le daba un poco de miedo. Hace quince años de esto. Ahora el barrio que ella describe está en las antípodas: se convirtió en Palermo Hollywood, una zona de Buenos Aires donde bares, restaurantes y boliches ocuparon los lugares de las casas de familia, los vecinos históricos que, de a poco, se fueron yendo.

Mariana también quiere irse y esa es la razón por la que no quiere dar su apellido, ni permitir fotos en el frente de su casa. “Tengo que vender. Hace años que quiero vender”, dice, varias veces en la entrevista con LA NACION. Son las seis de la tarde, el living de su casa aún no recibe la música tipo marcha del bar contiguo, que se transforma en boliche con DJ en vivo.

Cuenta que en estos años ya padecieron los más variados problemas con los nuevos inquilinos: ruidos molestoshumedadextractores que no funcionan, bolsas de basura frente a su casa, tránsito imposible. “Era un barrio de familias. Durante el día había más o menos movimiento porque estaba el canal América; pero en los últimos años explotó de día y de noche. Abrieron muchas productoras y no tenés nunca lugar para estacionar; además están los restaurantes que funcionan al medio día y a la noche. Después, tenés los bares/boliche que empezaron a brotar“, relata Mariana.

El cambio de entorno empezó a complicar su vida. Con el primer restaurante que se instaló al lado de su casa el grave problema fue un extractor que funcionaba en la terraza vecina, pegada a la suya, y que desparramaba grasa al punto que la familia la clausuró. “No se usó más ni para tender ropa, ni para estar. Porque subía la grasa y en la terraza salía algo que giraba, como un dispersor de grasa, entonces ensuciaba el piso, la ropa, todo“, recuerda. Habla de una “pelea a muerte” con los vecinos. Dos años vivieron así hasta que los inquilinos se terminaron yendo porque al parecer no les iba bien.

Luego vino otro restaurante. “Cambió el extractor”, aclara, como si fuera un hito en su vida. Mariana pensó que todo iría mejor esta vez. Pero habilitaron la terraza en verano y la alquilaban para fiestas de quince. “Ponían karaoke. Era como tener el karaoke acá adentro”, se toma la cabeza de sólo pensar en esas épocas. Hizo tantas denuncias que logró que suspendieran el servicio de fiestas. En esa época, frente a ese restaurante abrió otro, tipo parrilla. Fue un caos de gente. “Se puso de moda, servían bien, barato, no sé. Para nosotros eran un infierno esos dos locales juntos”, dice.

Ahora no la pasan mucho mejor. El bar que se instaló hace casi un año varias veces por semana contrata a un DJ y pone música en un local que no tiene aislamiento acústico. “Sigue siendo la misma casa del 1800 con puertas de vidrio, pero lo usan como un boliche. No sólo eso sino que habilitaron la terraza y ponen parlantes, con lo cual es como tener un boliche ahí pegado, al aire libre”, relata. Las terrazas están separadas por una medianera. Incluso Mariana construyó su habitación allí para escapar a los ruidos de la calle. Pese a estar preparada con vidrios dobles la música le resulta “enloquecedora”.

A sus hijos adolescentes también les molesta. A veces, en solidaridad con su madre, van a mitad de la noche a pedir si pueden bajar la música. “Por el ruido del boliche de al lado he tenido episodios de bajar en pijama a las tres de la mañana de un miércoles, pararme en el medio del boliche con toda esa gente tomando tragos de no sé qué cuernos y yo, hecha una loca a los gritos pelados, pedir que bajen la música. En el medio, sacada, no era yo. Y salía y revoleaba sillas“, dice, la misma mujer que conversa amable desde hace una hora en su living. “Como una cosa de bronca. Porque no podés creer que nadie pueda hacer nada con esto. Yo quiero dormir no estoy pidiendo nada de otro mundo“. La respuesta que recibe de los dueños de la noche es que ni sueñe con que bajen la música: la música aumenta el consumo de alcohol y ese es el negocio.

Al ruido lo sufren todos en la casa. “Como la habitación de mi hija Vicky da a la calle ella además padece a los que toman en la vereda. Cuando se levanta su frase es: ‘No sabés lo que fue anoche’. Lo que pasa es que salen borrachos a cualquier hora de los boliches de por acá. Estacionaron los autos, ni se acuerdan dónde y gritan, andan de acá para allá, prenden los autos con música y no se van. Se quedan, se quedan, se quedan”, repite Mariana. Suena cansada.

No son sólo gritos. Encuentran botellas, también orinan en el frente de la casa. “A veces, hemos encontrado a alguno muy borracho tirado acá. En ese caso no podemos hacer más que llamar a la policía, pero si no hizo ningún destrozo no lo pueden venir a buscar”, comenta. Además de personas, también se encuentra con autos frente a su garaje. No respetan ni el cartel de no estacionar, ni la línea amarilla; ni los trapitos los intimidan. “Tenemos trapitos, que todo el mundo los odia pero yo los amo porque evitan que me estacionen en el garaje”, dice. Aunque admite que no siempre da resultado. A veces ellos se distraen o directamente no les hacen caso y estacionan frente al garaje.

Ya sabe que si llama a la policía le hacen la multa pero no llevan el auto. Recuerda, no sin pudor, las miles de veces que se metió al restaurante del lado a buscar al dueño del vehículo. “Entraba, me paraba en la mitad del lugar y empezaba a gritar: ¿Quién estacionó en mi garaje? Entonces por ahí se levantaba uno y decía: ¡Ay, perdón! Otras veces no aparecía nadie, pese a que iba mesa por mesa”, cuenta. Ella se paraba indignada frente a su casa esperando al infractor. La mayoría de las veces se cansaba antes y se iba. Cuando volvía, la entrada ya estaba libre.

Casi en la despedida, cuando empieza a cansarse de repasar los temas por los que quiere vender a toda costa, se acuerda: “¡La basura! Es un tema porque hay muchos restaurantes. Ninguno quiere tener su basura en la entrada. Los del frente me ponen el carrito en la puerta del garaje, imposible de mover lleno de basura. Entonces salgo con el auto y lo tiro a la mitad de la calle. Ahí lo dejo”, dice. Como no alcanzan los contenedores empiezan a dejar cosas en la calle. “Más de una vez me encontré con bolsas negras llenas de carcasas de pollos puestas debajo de mi árbol”, dice.

Todo esto está registrado en una veintena de denuncias. “Estamos con presentaciones judiciales y mediaciones a pleno. Pero cuando te hacen ver que eso se vuelve el centro de tu vida te das cuenta de que no vale la pena. Por eso me quiero ir de acá”, dice. Hace el esfuerzo de minimizar su fastidio cotidiano, pero no le resulta fácil. Muestra, como evidencia de su karma, el cuaderno que tiene con denuncias -más de catorce- y sus respectivos días y horarios -miércoles, jueves, viernes; 2, 3, 4 de la madrugada- y el estado en que están -la mayoría no prospera. “Si no las seguís de cerca, te archivan las causas. Mañana tengo que llamar por una a ver qué pasó que nunca vino el inspector a constatar“, dice, como para sí..

Fuente: La Nacion
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Incendio y peligro de derrumbe en Flores: un muerto

El siniestro se produjo alrededor de la 1 de la madrugada en una vivienda precaria en la cual convivían entre cinco y seis familias. Se desconocen las causas y la identidad de la víctima fatal.

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Una persona murió a causa de un incendio que se generalizó este viernes por la madrugada en una vivienda precaria, habitada por varias familias, en el barrio porteño de Flores.

Entre cinco y seis familias residentes de la vivienda incendiada, ubicada en Boyacá 146, quedaron a la intemperie.

Dos dotaciones de bomberos, una del Cuartel de Flores de la Policía Federal, consiguieron controlar el incendio, aunque la vivienda quedó inhabitable.

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“El incendio, comenzó alrededor de las 0:45 y motivó la intervención de dos unidades”, informó a C5N personal de bomberos.

Se trata de una edificación precaria, de dos pisos, que contiene materiales inflamables como madera y cartón. Hasta el momento no fueron reportadas las causas del siniestro ni la identidad de la víctima fatal.

Fuente: www.minutouno.com
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Incendio y derrumbe total en una fábrica de Villa Maipú

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Fue en una fábrica de productos adhesivos ubicada en Lavalle y Roma, en Villa Maipú, cuya infraestructura se derrumbó totalmente a causa del intenso fuego. Los vecinos denunciaron que la estructura de dos pisos colapsó porque los bomberos tardaron 45 minutos en llegar al lugar.

A causa del siniestro también se produjeron derrumbes en casas linderas a la fábrica, emplazada en una esquina, sin que se registrasen heridos.

En el lugar trabajaron 8 dotaciones de bomberos de San Martín, coordinadas con Defensa Civil y Policía.

El momento del derrumbe

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Fuente: www.smnoticias.com
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Un derrumbe en una obra en construcción dejó dos heridos

Sucedió en un edificio ubicado en Cramer y Juramento, en el barrio porteño de Belgrano. Los lesionados son dos obreros, que fueron trasladados de urgencia al Hospital Pirovano.

El derrumbe de una pared medianera dejó dos heridos en una obra en construcción ubicada en el barrio porteño de Belgrano. Según trascendió, los dos hombres se encontraban trabajando en un andamio cuando la estructura cedió y se desplomó.

El incidente sucedió este miércoles por la tarde, alrededor de las 17:30, en la obra en construcción ubicada en la calle Cramer al 2100, intersección Juramento. Los dos obreros estaban trabajando en el lugar cuando la medianera se derrumbó, provocándoles serias contusiones.

Como consecuencia del accidente, ambos hombres quedaron inconscientes y debieron ser trasladados de urgencia al Hospital Pirovano.

Fuente: www.minutouno.com
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“Hay que demoler los dos edificios que quedan lo antes posible”, dijo un funcionario del municipio de Rosario

“Son irrecuperables”, reconoció el secretario de Obras Públicas del lugar, Omar Saab

Continua la busqueda entre los escombros 08-08-13 Foto: Marcelo Manera

El condominio de Salta al 2100 de la ciudad de Rosario, afectado por la trágica explosión que el 6 de este mes dejó el saldo de 21 muertos y decenas de heridos, será demolido a la brevedad, luego de que concluyan las diligencias judiciales y los trabajos de relevamiento de las viviendas del resto de la cuadra afectada.

“Hay que demoler los dos edificios que quedan lo antes posible”, sostuvo el secretario de Obras Públicas del municipio rosarino, Omar Saab. “Son irrecuperables”, aseguró.

A partir de hoy, personal de la la Secretaría de Hábitat completará los operativos de limpieza y evaluación de la denominada “zona cero” y del resto de las viviendas en la cuadra de Salta, entre Balcarce y bulevar Oroño.

Ante una consulta, Saab aclaró que el edificio donde se generó la explosión “no corre riesgo de colapso”, aunque señaló que “hay mampostería suelta que hay que vigilar permanentemente“.”No se puede recuperar [los dos edificios en pie] para ninguna otra utilidad“, insistió el funcionario.

Además, la cuadra más afectada por el estadillo quedará cerrada, según explicó el titular de la Dirección de Protección Civil, Marcos Escajadillo, quien estimó que es muy probable que “hoy se defina” cuándo se demolerán los edificios más dañados por la explosión.

Luego de los trabajos de apuntalamiento y una nueva verificación técnica, se evaluará la fecha en que los vecinos comenzarán a retornar a sus viviendas. Personal del ministerio de Desarrollo Social y la Secretaría Promoción Social “permanece acompañando a los vecinos que estuvieron afectados por este estallido para ayudarlos a recuperar lo que perdieron en lo material“, añadió.

“Queremos que en el menor tiempo posible, calle Salta recupere su fisonomía y su estado previo a la emergencia. Las áreas de Promoción y Desarrollo Social de municipio y provincia ya han tomado contacto con los vecinos. Ya hay carpetas de los afectados, y se han generado todos los espacios para seguir con la tarea de reconstrucción de cada una de las viviendas“, aseguró Escajadillo.

LA CAUSA

Por otro lado, la causa para deslindar las responsabilidades en la trágica la explosión, sigue su curso. Por el Juzgado de Instrucción Nº 7, a cargo de Juan Carlos Curto, ya pasaron el jefe de la Sección Redes de Litoral Gas, prestadora del servicio, y el presidente de la Asociación de Empresas Instaladoras de Gas de Rosario (Airgas), y los gerentes general, técnico y de relaciones institucionales de la empresa.

Durante la semana serán citados otros técnicos de la firma.

Trascendió que la información aportada por el jefe de área de LG será cotejada con las declaraciones de tres inspectores de la empresa, que comparecieron el jueves pasado. Uno de ellos apuntó que había concurrido al edificio de Salta 2141 en dos oportunidades, la última el viernes 2 de agosto, cuatro días antes que se desatara la catástrofe.

Debe recordarse que sólo hay un detenido: el gasista Carlos García, a quien el juez le degenó la excarcelación y permanece en la comisaría 3ª, imputado de estrago culposo agravado por las muertes. Su ayudante en ese momento, Pablo Miño, fue liberado.

Fuente: La Nacion
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