En una reunión que mantuvieron ayer el Jefe de Gabinete de la Municipalidad de Salta, Roque Mascarello, el Secretario de Obras Públicas de la misma administración, Fernando Cortez Chaín y el gerente de la Terminal, Jorge Gerstenfeld, se acordó que la empresa concesionaria presentaría el tan esperado informe técnico la próxima semana. Dicho informe no solo revelará las causas del hundimiento sino también el estado actual de las estructuras del edificio, que se terminó de construir en 2007.
En un parte de prensa difundido ayer a los medios, la Municipalidad informa que Mascarello, Cortez Chaín y Gerstenfeld también hablaron sobre la situación actual de la Terminal de Ómnibus, y, en especial, del operativo de emergencia para el ingreso y salida de colectivos de media y larga distancia. Según los responsables, esta actividad no ha registrado inconvenientes mayores desde el 14 de enero.
El gerente Gerstenfeld informó que si bien ya está definido que se deberá derribar más dársenas y partes de la cobertura del canal hacia ambos costados del agujero que se produjo hace un mes, la obra aún no se ejecutó debido a la persistencia de las lluvias.
“No podemos derribar el sector del canal que está deteriorado porque corremos el riesgo de que al iniciar la obra, se acumulen escombros en el cauce del canal y que ese día llueva y esto impida que el agua circule. Si eso sucede, podríamos generar una inundación aguas arriba del canal”, indicó el representante de Terminal Salta.
En el lugar funcionaban dos hostales. Los turistas damnificados mostraron un gran desasosiego y los vecinos expresaron su preocupación. El desalojo ocurrió a metros de Bartolomé Mitre 1232, donde un edificio se vino abajo en noviembre del año pasado y mató a Isidro Madueña, uno de sus residentes. A pesar de la cercanía, el subsecretario de Emergencias de la Ciudad, Néstor Nicolás, afirmó que la del edificio de Libertad 99 es una situación ajena a la del edificio afectado por el derrumbe.
En la planta baja del edificio, funcionaban comercios; en el primer piso, algunas oficinas, y el segundo y tercer piso estaban ocupados por dos hostales -Santa Teresita y Santa Isabel- que albergaban turistas. Ante el inesperado desalojo, muchos de ellos se quedaron sin lugar a donde ir.
Una de las damnificadas fue Isabel Isaza, de 31 años, una turista colombiana que se albergaba junto a su hermana en el hostel Santa Teresita. “No tengo dinero porque, si bien me devolvieron algo, no me alcanza para irme a otro lado y aun si consigo uno no tienen cupo”, dijo.
Por su parte, Teresa Fernández Arias, dueña del hostal Santa Isabel, dijo: “Sabíamos que el edificio tenía una pequeña fisura, pero está en buenas condiciones. Lo hacen por precaución pero lo hacen mal. A mí me implica un problema económico y de incomodidad. Tendrían que avisar con más tiempo”.
Los vecinos de la zona se mostraron muy preocupados por la situación. Uno de ellos fue Hugo Paz, que vive frente al edificio de Libertad 99 desde hace ocho años y trabaja allí como portero. “Esta situación nos tiene a todos en vilo porque no sabemos qué va a pasar, porque nos acordamos de lo que pasó la otra vez y de que nos evacuaron. Obviamente que tememos por nuestros propios edificios”.
En el trágico episodio, dos mujeres fallecieron al derrumbarse un entrepiso en el local bailable del barrio porteño de Palermo.
En el boliche, habilitado para fiestas privadas, actuó el grupo Ráfaga, pero el concierto había terminado y los músicos se habían retirado antes del derrumbe.
Corría el sábado 4, la tranquilidad barrial de pronto se ve alterada por un estruendo. “El balcón, el balcón, se desprendió un balcón de la obra en construcción” gritaban alterados los vecinos de lugar. Las consecuencias un ciudadano herido en Martiniano Leguizamón 45, barrio de Liniers.
Urbanismo / Representan menos del 2% de los permisos.
Florencia Forcinito y su esposo vivieron desde chicos en edificios. Por eso, cuando llegó el momento de mudarse juntos, no lo dudaron: construyeron su propia casa en una esquina de Núñez. “Queríamos un lugar a medida y con más metros cuadrados. Compramos un viejo almacén de 1928. Ayudó que mi marido es arquitecto, así que la diseñamos a nuestro gusto. Estuvimos dos años en obra y desde entonces la disfrutamos”, contó la mujer, de 42 años.
La elección de esta pareja no resulta muy común en la Capital. Estadísticas de la Dirección General de Planeamiento Urbano local confirman que, en la ciudad, las casas nuevas son una especie en retirada: en los últimos diez años, sólo el 1,8% de los permisos para la construcción de unidades residenciales se destinó a casas a estrenar, mientras que durante la década anterior la proporción alcanzaba el 6,5%. Paralelamente, avanzaron los edificios: en los últimos cinco años, se erigieron apenas un promedio de 6 casas por cada 1000 departamentos.
Otros datos oficiales dan fe de cómo cambió con el transcurso de los años -y sigue cambiando- el perfil urbano de Buenos Aires, que fue creciendo en altura. De las 106.731 casas (conceptualmente entendidas como una única vivienda en un lote) existentes en los barrios porteños, más del 40% fue construida antes de 1940 y un 25%, en la década del 40.
Durante las décadas siguientes, la confección de casas a estrenar se estabilizó en un promedio de 6100 por período, número que decreció drásticamente en los últimos 10 años. Desde 2001 hasta hoy, según la información oficial, fueron construidas 1025, a un ritmo de 100 por año. En 2011 la cantidad de permisos resultó inferior a esa media: 85.
Como surge de los datos, el universo de viviendas unifamiliares ostenta una gran antigüedad. Esta situación, junto con la escasez de terrenos para disponer metros cuadrados nuevos y la voracidad del mercado inmobiliario, provocó que muchas de las propiedades más viejas hayan sido demolidas. Según datos de la Cámara de Demoledores y Excavadores de la República Argentina, en la Capital se tiró abajo una casa cada dos días durante el año pasado. El pico fue en 2008, cuando se demolió una por día.
El avance de los edificios en detrimento de las casas fue consolidando el aumento de la densidad poblacional porteña, algo que ocurre en las grandes ciudades. “Por lo general, las áreas de mayor densidad coinciden con el sector central y su entorno, ya que la gente llega captada por la actividad comercial, económica y de servicios”, explicó el director general de Planeamiento Urbano, Fernando Alvarez de Celis.
La densificación de la zona central tiene su correlato en que las casas que todavía sobreviven, así como las nuevas que se construyen, lo hagan en barrios alejados del corazón financiero de la Capital. Todavía, destacó Alvarez de Celis, el 30% de las parcelas de la ciudad están ocupadas por viviendas unifamiliares.
Quien busca una casa, aseguran los expertos, busca también cierta calidad de vida habitualmente asociada a barrios más tranquilos y residenciales.
“Los departamentos son más fáciles de mantener: los gastos son compartidos y hay un encargado que resuelve los problemas. Por eso se eligen más. La casa demanda más mantenimiento y atención. Se piden menos. Y, dentro de quienes buscan casas, el público que pide casas a estrenar es minoritario. El 90% recicla”, detalló Mariano Oppel, operador inmobiliario de gran trayectoria en Belgrano, Núñez, Saavedra y Coghlan.
Según el arquitecto Darío Gabriel López, socio de la desarrolladora Arquitectonika, que construye casas y PH, muchos porteños que eligen vivir en casa se volcaron al conurbano porque los terrenos son más baratos y hay zonas de baja densidad. Dentro de la Capital, “sólo quedan nichos protegidos por el Código de Planeamiento, en los que se prohibió la construcción en altura, dentro de ciertos barrios“. Mencionó algunos sectores de Belgrano, las Lomas de Núñez y Palermo Chico, entre los premium, y Núñez, Saavedra y Villa del Parque, para la clase media.
Como Florencia Forcinito, “los clientes que encomiendan una casa nueva quieren una vivienda a su medida. Comienza el proceso de interpretar sus gustos, buscar terrenos y luego diseñar la casa. Son generalmente parejas de 30 y pico, con chicos pequeños”, concluyó.
Aseguran que desde que la empresa VG Construcciones inició las edificaciones, sus viviendas comenzaron a sufrir inconvenientes: grietas, filtraciones y roturas. La constructora dice que “eran preexistentes”.
“Los problemas empezaron ni bien derribaron la casa que estaba antes y entraron a trabajar. La casa de mi suegro está destruida”, describió la mujer. La impresión que queda al recorrer su vivienda húmeda y agrietada es que en el mediano plazo la planta alta puede correr la misma suerte.
Las paredes del departamento de Crespi están completamente cubiertas de una capa de humedad que las tiñó de gris, marrón y negro, hay ventanas que no cierran y rajaduras de diferentes tamaños cruzan todas las habitaciones en variadas direcciones.
“La empresa está al tanto del estado de mi casa y me dijeron que la iban a arreglar. Hasta ahora sólo le pusieron enduido a una pared”, lamentó la mujer y continuó enumerando daños: “Rompieron la tapa del tanque de agua, el asador, tengo filtraciones, cada vez que llueve me inundo porque el edificio desagua en mi terraza o brota agua por las paredes. Y cayó una ventana del sexto piso del edificio en mi terraza”.
Ante los reclamos de Crespi, VG Construcciones le respondió y luego fueron a la Justicia porque todas las viviendas tienen filtraciones previas al inicio de las obras.
En riesgo
El panorama se repite en dos cuadras del casco histórico de la ciudad. “Mi casa se está hundiendo”, lamentó Martín Dragotta un vecino del terreno que están acondicionando para levantar el Celestino XII, en San Jerónimo al 1137. Afirmado sobre la pared que compartirá con la construcción señaló un importante pozo que quedó bajo la medianera producto de las sucesivas excavaciones que realizó la empresa. “Tengo miedo de que si se debilita la medianera se caiga el muro del norte de la planta alta”, sospechó Dragotta pensando en el riesgo que eso significaría para su familia.
La casa de María Gabriela Vicario está en San Jerónimo 1183, comparte la pared sur con el edificio en construcción y los inconvenientes son los mismos. Además del deterioro, tiene en común con sus vecinos la respuesta que le dio la empresa sobre las causas: filtraciones preexistentes al inicio de los trabajos. Aunque la vivienda fue refaccionada hace 5 años, los azulejos del baño están despegados y hay rajaduras. Vicario también constató los daños en Edificaciones Privadas en noviembre, aunque no todos porque “cada vez que recorro la casa encuentro problemas nuevos”, dijo preocupada.
La explicación de la constructora
El abogado de VG Construcciones, Ricardo Rivera, fue el encargado de dar a conocer la explicación de la empresa sobre las denuncias de los vecinos.
Al respecto señaló que la situación de ambos edificios está judicializada. Detalló que “en el caso de la construcción ubicada a la altura del 1.100 (Celestino XII), a las medidas en la justicia las solicitamos nosotros porque los vecinos no permitieron constatar el estado de los inmuebles antes de iniciar las obras. Después de empezar la excavación encontramos filtraciones, humedades y huecos en la tierra por el refulado del sector. Las cañerías de esas casas son vítreas o de barro cocido y están destruidas”. Dijo que como “los daños son preexistentes los vecinos no permitieron la constatación del estado de las casas”.
Sobre los inmuebles vecinos afirmó que “las falencias también son preexistentes a la obra y consisten en malas distribuciones de las cargas, malos cimientos carentes de aislantes y cañerías destruidas y obsoletas”.
Finalmente, el representante legal de “Verdicchio Ghietto Construcciones” afirmó que un inspector de Edificaciones Privadas de la Municipalidad constató las filtraciones de algunos de los inmuebles linderos y “son presumiblemente causadas por una cañería rota, lo que provocó el hundimiento”.
A la par de este “boom”, nació una asociación de Vecinos afectados por obras. Ciudadanos y ciudadanas que veían que sus casas empezaban a deteriorarse, a rajarse las paredes, a derrumbarse, entre otras innumerables serie de problemas que comenzaban a padecer por el solo hecho de tener una construcción lindera. A su vez, “el daño y destrucción de las propiedades linderas a estas grandes obras trae como consecuencia la pérdida patrimonial por desvalorización de los inmuebles afectados y no perdona tampoco los inmuebles de valor histórico, estético y tradicional” manifestaba este grupo de vecinos que se unieron con un solo fin: ver de qué manera defender su propiedad pero sobretodo, el hogar que habían construido durante años.
En sus inicios, alrededor de 60 personas comenzaron a reunirse para buscar estrategias ante una realidad inmobiliaria que se acrecentaba día a día y que no tenía ningún tipo de solución por parte del Estado municipal. “Al principio se reunía en La Comuna, en 27 de Febrero al 600 y luego empezamos a hacer las reuniones en la sala del Concejo. Luego el grupo se dividió en dos”, nos reseña Jorge Alvarez, un referente de esta Asociación que tomo como rumbo y objetivo fundamental, incidir a partir de ordenanzas, en políticas públicas para la ciudad que contemplasen las demandas y necesidades de los vecinos afectados por obras.
Los principales problemas que padecen los vecinos tienen que ver con rajaduras, derrumbes, grietas en las paredes y techos, filtraciones, falta de luz y aireación, ruidos molestos, entre otros. Pero al mismo tiempo, la agrupación también señala otros efectos que afectan notablemente el medio ambiente: “A estos problemas y al desorden urbanístico que sufre nuestra ciudad, por el crecimiento desmedido y no planificado de estas construcciones, se suman además deficiencias en los diversos servicios: energía eléctrica, disminución de presión de agua , inconvenientes en los desagües pluviales y cloacales, exceso de basura que supera la capacidad de recolección, intransitabilidad de las veredas del micro y macrocentro, todo esto por el número incontrolado de las obras en construcción.”
En el año 2006 se registraron por lo menos, 250 obras de construcción de edificios en la zona céntrica. Un año después, “los permisos de habilitación habían trepado a 1500” apunta Jorge Alvarez. “Luego se aplacó debido a los reclamos que hubo. De todos modos la gente no tiene ninguna cobertura, solo la justicia. Cuando sucede algo La Municipalidad dice que es un problema entre particulares y que su responsabilidad termina en la vía pública”.
Para Alvarez, el único camino posible para encontrar alguna respuesta es la vía judicial. “A pesar de que ellos son los que dan el permiso para construir, ellos deberían iniciar el juicio y no el ciudadano que debe hacerse cargo de todo. Eso sería el ideal, que sea La Municipalidad la que se encargue, pero prefiere seguir generando un boom, y el problema actualmente sigue sin resolverse. Son juicios largos, hay gente que hace más de tres años que están en juicio”, reclama el referente de esta Asociación.
El desamparo del vecino es evidente. Frente a ello, muchos terminan vendiendo su propiedad incluso a los mismas empresas constructoras encargados de las obras.
El momento más peligroso, nos cuenta Alvarez, es cuando la empresa constructora realiza la demolición y la excavación en la obra. “Cuando realizan la excavación es el peligro más grande que se derrumbe la casa lindera, porque la hacen mal, se meten en los cimientos de los vecinos. La pala mecánica no se puede acercar a menos de un metro de la pared del vecino.” Es aquí donde la organización exige la presencia de inspectores. Ahora bien, ¿existe voluntad política para realizar controles de este tipo?. “Hay muchos intereses en juego, hay mucho lobyy dentro del Concejo, de la Municipalidad, de empresas cuyos profesionales trabajan para el Estado también, hay obras que han tenido irregularidades y que han estado conducidas por gente que ha trabajado en la Municipalidad”, opina Alvarez.
Por otra parte, los requisitos fundamentales para que una obra sea habilitada son, “en primer lugar, contar con un permiso que debe exibirse en un cartel, además del numero del permiso, debe figurar el proyecto de lo que se va a construir y los responsables de la obra. En nuestra web tenemos una guía para que la gente conozca y sepa lo que tiene que exigir”. El reclamo para denunciar la irregularidad de una obra debe realizarse en el Distrito correspondiente, generalmente es en el centro, ante Obras Particulares. “Debe ingresar un expediente por mesa de entrada. Si bien no le va a solucionar el problema la Municipalidad, es un requisito que recomendamos porque en caso de recurrir a la justicia, el juez lo primero que pide es si se cumplió con la etapa administrativa, es decir, si se realizó el reclamo ante la Municipalidad”.
El trabajo de la organización ha sido fundamental. “Si bien el 90% está normado en las ordenanzas, esto no se cumple, no existen los controles suficientes para hacerlo cumplir y algunas cosas hacen falta modificarlas”, dice Jorge. Es decir, la lucha principal de la Asociación de Vecinos Afectados por Obras se centra en lograr legislaciones que protejan la vivienda de los vecinos, y sobretodo, en la exigencia a que esas legislaciones vigentes se cumplan. “La insistencia nuestra está por el lado de las ordenanzas. Hemos presentado más de 50 expedientes en el Concejo proponiendo modificaciones para paliar todos estos inconvenientes”.
La falta de control es uno de los principales problemas no resuelto por el Estado Municipal. “Las bandejas de protección no pueden tener menos de 2 metros 50. Y la gran mayoría tienen un metro, osea que cualquier cosa que se caiga, pasa por el costado”. “A lo que se debe apuntar es a ser más restrictivo con las penalidades. Mientras a los empresarios le salga más barato pagar una multa, van a seguir infligiendo las ordenanzas”, remarca Alvarez, sumando más preocupación a la situación de vulnerabilidad con las que se encuentran vecinos, transeútes y obreros de la construcción casi todos los días. “Lo que pedimos es que en los casos donde está en riesgo se pare la obra y se pague los días perdidos a los obreros. Y esto es lo que no se hace. La obra debería ser clausurada, no basta con pagar una multa, además las multas deberían ser acumulativas”.
Qué hacer
“Se rajó la casa de mi hijo”,” no soporté más, opté por vender y me fui a vivir lejos”, “me destruyeron el bar y también la vida”, son algunas de las frases dolorosas y cotidianas que Jorge Alvarez ha escuchado innumerable cantidad de veces, al momento de recibir algún vecino que se acercaba para ver qué podía hacer. “Es un momento de catarsis muy grande.” “Lo que hacemos es guiarlo para que den los pasos que corresponden en caso de que tengan que ir a la Justicia. Muchas veces por empezar mal, después no se llega a nada. Una de las cosas que nosotros recomendamos es cerciorarse quién es el propietario legal de la construcción. Ir al registro de la propiedad y averiguar quien figura como titular de la obra porque esa es la persona a la que le tienen que hacer todos los reclamos y los juicios y no a las empresas constructoras que muchas veces no son las dueñas”.
Además de los problemas que afectan a los vecinos en sus hogares, Jorge Alvarez ha estado investigado el impacto ambiental que provoca la falta de planificación de la construcción de obras. En el año 2006 realizó una presentación ante la Defensoría del Pueblo para que se restrinjan la cantidad de edificaciones. “Eran tanto los permisos que se estaban dando que en su momento, señalé que íbamos a tener problemas en la infraestructura de cloacas, agua y luz. Actualmente, en el área central, la cantidad de edificios que se construyeron dan lugar a que vivan 100 mil personas más. Eso trae aparejado la instalación de más de 20 o 30 aparatos de aires acondicionados. Las cloacas no dan a basto. En Barrio Martin han rebalsado las cloacas. Hay mucha gente que se queja porque no tiene presión de agua. El mismo intendente en una nota por radio reconoció que la toma de agua de la ciudad tiene más de 100 años. Con esa toma, la intendencia dio permiso para construir más de 1000 edificios. Es decir, el Ejecutivo nunca hizo un planeamiento para tener una ciudad sustentable”.
Además, agrega, “la masa de hormigon existente reemplaza a la tierra. Antes habia terreno en las casas que absorvían el agua. Ahora, no hay poder de absorción, fue reemplazado por el hormigon que no se enfría como la tierra. El hormigon sigue caliente a la noche, y esto genera islas de calor, genera evaporación, genera lluvias y se vuelve un círculo vicioso. Esto debe ser tratado por arquitectos que tengan una mirada ambientalista.”
Ni la Empresa Provincial de la Energía ni Aguas Provinciales han hecho obras para mejorar la infraestructura, denuncia Alvarez. “Lo único que importo fue que se construya. Yo creo que una ciudad sustentable no es esta. Y hay otro tema, que es económico”. En este sentido, desde la organización no dudan en asociar el boom de la construcción con el boom del negocio de la soja.
En junio de este año, la Superintendencia de Riesgos de Trabajo clausuró el 86% de las obras en construcción que inspeccionó. El riesgo para los vecinos y para los obreros de la construcción que exponen su vida ante la falta de elementos básicos de seguridad, es cotidiano. Son las organizaciones sociales las que, sobre esto, acercan la lupa para mirar de cerca, exigir, reclamar, denunciar e incidir con ordenanzas y legislaciones para que el Estado se haga cargo de una responsabilidad que le compete y de la cual parece, hace tiempo, haberse olvidado.
El accidente se registró hoy en el edificio ubicado en Paraguay 1256. Por causas que se tratan de establecer, la plataforma cedió y los dos operarios que limpiaban la medianera resultaron heridos. Uno sufrió un severo traumatismo de cráneo y al restante le cayó ácido en los ojos.
Uno de los obreros sufrió heridas graves que obligaron a su internación de urgencia en el Hospital de Emergencias Clemente Alvarez (Heca), a donde quedó alojado en la sala de cuidados intensivos, debido a su delicado estado de salud. El parte médico indica que sufrió un “severo traumatismo de cráneo”.
La otra víctima quedó sujetada de una pierna con la cuerda del arnés de protección, lo que provocó una lesión que le inmovilizó el miembro afectado. Además, parte del ácido con que limpiaban la pared le cayó en la cara, afectándole los ojos. Fue trasladado a la Clínica de Ojos, para evaluar el daño a la visión.
“El día del derrumbe, después de que me encuentran bajo los escombros, me llevan al Hospital Fernández y después me derivan al Hospital Italiano. Nunca más recibí ninguna comunicación del gobierno de la ciudad ni de nadie. No me llamaron ni para saber cómo estaba”, le dijo Galli a LA NACION.
Galli es profesor de gimnasia y, de a poco, volvió a trabajar como personal trainer. A causa del derrumbe, perdió a tres de sus amigos: Maximiliano Salgado, Guillermo Fede y Luis Lu.
Wang Lu, madre de Luis, está muy angustiada: “El gobierno no da la cara ni se ha acercado ni ha hablado por teléfono. Cuando vi el derrumbe de Bartolomé Mitre, me pareció que revivía lo que nos pasó. Sin control, sin respuesta, sin nada. No sé cómo va a seguir nuestra vida, estamos sufriendo muchísimo”.
“Lo peor es que se trata de otro hecho totalmente evitable. Pasaron 16 meses. Tienen que controlar, hacer estudios más profundos, parece que la vida de la gente del pueblo no vale nada. Mi hijo era un estudiante brillante, trabajador, muy bueno para el futuro del país. Así, diariamente nos siguen matando”, agregó.
En la causa penal por el derrumbe, la juez Fontobona de Pompo (Instrucción N° 45), en febrero de este año, procesó al ingeniero Heyaca Varela, al titular de la empresa constructora Daniel Menta y al titular de la firma dueña de la máquina retroexcavadora José Pataro. Al mismo tiempo, dictó falta de mérito para César Armando Colovini y Juan Domingo Aslla, los dos operarios que manejaban la retroexcavadora al momento del desastre.
Sin embargo, en marzo pasado, la Cámara revocó los procesamientos y pidió un peritaje, en curso desde entonces.
“Lo peor es que no sabemos, ni siquiera aproximadamente, cuándo vamos a cobrar. Nos hablan del subsidio de 70.000 pesos, pero eso es para comprar lo que tendrá el nuevo departamento. Dónde voy a poner lo que compre si no tenemos dónde vivir”, se pregunta Mónica Nizzardo, que había firmado la escritura de su departamento una semana antes del derrumbe.